martes, 25 de agosto de 2020

Diálogos del miedo: entrevista de Víctor Roura con Malú Huacuja del Toro desde NY, en el centro de la tormenta viral

 Esta entrevista realizada por Víctor Roura apareció originalmente en Notimex el 5 de mayo de 2020

Diálogos del miedo




Víctor Roura

[Con la novelista, dramaturga y guionista de cine Malú Huacuja del Toro (Ciudad de México, 1961) conversamos sobre la enfermedad mundial, ella desde Nueva York, exiliada allá voluntariamente desde hace dos décadas, yo en mi encierro capitalino. Malú tiene libtros de novela policiaca, de ciencia ficción, sobre asuntos fílmicos, de crónica, de cuentos… Con la escritora era ineludible el tema de las mafias culturales, porque precisamente fueron éstas las que la orillaron a vivir fuera del país]

 Malú Huacuja del Toro: desde Nueva York, en el centro de la tormenta viral

“Toda decisión tiene un precio…”

―Muchas calamidades te orillaron a radicar en Nueva York, Malú. Más allá del amor, influyeron las mezquindades literarias que te sumieron en hondas reflexiones. ¿Las infamias culturales se alojan en cualquier parte, sin importar creencias, ideologías o partidismo político? En estos momentos, por ejemplo, vives en el mero centro del huracán sanitario…

      Efectivamente, nosotros no nos quedamos en Nueva York porque fuera bonito: claro que es una ciudad bella, pero para pasear, no para vivir. Si no eres millonario (o arrimado a un millonario), la cotidianeidad dentro de la tarjeta postal que se ve desde fuera es sumamente hostil y deshumanizada. Por eso durante tantos años mandaba a México para el espacio que tú dirigías, generosamente invitada por ti, una columna que se llamaba “Antipostales de Nueva York”. La verdad es que fue una decisión política y estratégica, más que romántica: nos quedamos aquí porque desde este punto geopolítico yo tenía más movilidad para seguir denunciando lo que siempre he denunciado, escribiendo lo que otras escritoras poderosas de mi generación ocultaban en México y abriendo los espacios que otros y otras cierran en el quehacer artístico y cultural en nuestro país. Ahora mismo, 20 años después, esto sigue siendo verdad: apenas ayer [miércoles 15 de abril] anuncié los resultados de una selección de muestra de cine feminista (FemiNYsta–Filming Eve Multicultural & Intersectional / NY Screenings To All), que organicé en estos tiempos de construcción de muros y patrullas fronterizas antiinmigrantes, tendiendo verdaderos puentes entre mujeres cineastas y artistas de México y Estados Unidos, derrumbando las barreras de la xenofobia y el racismo, sin ayuda de ninguna institución ni fondos de nadie, en un lugar que me prestaron porque ya conocen mi trabajo de crítica política y feminista. Contamos con la participación de mujeres cineastas de Turquía, Sri Lanka, Italia, Francia, Croacia, Colombia, Canadá, Reino Unido y Suecia, entre otros países. Y poco antes de que estallara la pandemia se estrenó en México la película feminista Rencor tatuado de Julián Hernández con guion mío, que es una historia que comencé a escribir hace 20 años inspirada en los policías violadores en la Ciudad de México, y que en 2020 cobró una lamentable vigencia. Es algo que no habría podido lograr si no me hubiera mantenido viva y con movilidad.

      “Toda decisión tiene un precio y yo lo pagué, pero hasta el momento ha demostrado que sirvió a un propósito. Es muy emocionante poder brindar un pedacito de esperanza y la alegría de la comprensión no sólo a mis compatriotas, sino a tantas mujeres feministas de todo el mundo en un momento tan desastroso. Sobre todo en tiempos así, en medio de tanta muerte. Es una forma de abrazarnos a la distancia en un momento en que salir a la intemperie es, literalmente, cuestión de vida o muerte, sobre todo aquí en Nueva York, ya el epicentro de la pandemia. Es sumamente difícil, insoportable, a veces, lo que estamos pasando, y precisamente por lo mismo la cosecha artística cobra otro sentido para quienes nunca dejamos de trabajar y siempre supimos que llegaría el invierno.

      “Por lo demás, es curioso que tanto haya yo escrito narrativa de ciencia ficción política y termine viviendo en una distopía similar a la de mis historias. Quizás por eso no me sorprende. Es como si estuviera viviendo dentro de alguna de mis novelas, Un Dios para Cordelia o Crueldad en subasta. Ya nada más falta que me plagien mi propia experiencia”.

 


Adentro de una película de ciencia ficción

―En estos momentos Estados Unidos, en efecto, es uno de los países más agravados por la epidemia mundial, el centro de una narrativa de ciencia ficción, como en tus novelas. ¿Cómo vive esta atroz circunstancia una novelista mexicana radicada en Nueva York como tú?, ¿la enfermedad hace mirar más allá de las fronteras?, ¿la escritura se detiene, Malú?


      Digo que estamos viviendo dentro de cualesquiera de las muchas películas de ciencia ficción que se han hecho sobre pestes, bombas nucleares y cambios climáticos en Nueva York porque la ciudad está desierta y salir a la calle es, literalmente, un asunto de vida o muerte, igual que si el aire fuera radioactivo, como en la ficción. Aunque Paty Navidad no lo crea (yo tampoco me creo que ella se llame así), es verdad que los hospitales y las fosas comunes están rebasados, que lo único que se escucha día y noche son sirenas de ambulancias y que los camiones refrigeradores de cadáveres ya no son suficientes. Ya todos tenemos un amigo o conocido cercano que ya perdió a alguien muy querido o que ya está llorando la muerte de un familiar.

      “Además, no es sólo a la muerte a lo que se le teme, pues es una enfermedad muy dolorosa. Un amigo cineasta documentalista, escéptico, ateo, muy cercano y entrañable, al que le traduje una película al español, tiene Coronavirus y, como buen realizador, estuvo transmitiendo su agonía en el hospital. Didáctico él, nos mostró cómo se quedó abandonado en la sala de emergencias toda una noche, casi muriéndose, porque verdaderamente los hospitales no se dan abasto, y el proceso del virus que consume tus pulmones, aunque lo sobrevivas, es un verdadero martirio. Nadie quiere pasar por eso: aunque no se muera uno.

      “De modo que salir a la calle, aunque sea sólo para conseguir algo de comer, se hace con la conciencia de que cualquier error de protección te puede costar la vida. Y digo que además parece novela mía porque no es una película hollywoodense en la que una familia blanca y rica pierde al perrito: la realidad impone su propio comentario político y social sobre la profunda desigualdad de la riqueza, pues los multimillonarios y los oligarcas se fueron a sus casas de campo mientras aquí se queda atrapada la gran mayoría de la población que trabaja para ellos; esto es, mexicanos e inmigrantes en general de todo el mundo. Y como viven hacinados en departamentos pequeñitos para ahorrar la renta y mandar dinero a sus familias, están infectándose por montones. Y como son indocumentados, no tienen seguro médico ni acceso a las pruebas. Y aunque lo tuvieran, ¿qué caso tiene atenderse si no hay cura y los hospitales están rebasados?

      “Hace dos años el presidente Trump, que ganó la presidencia con un discurso de odio hacia los inmigrantes, desmanteló el Directorio de Seguridad Nacional especializado en pandemias para dar exenciones de impuestos a los millonarios”.

 

La disolución de la oficina especializada en pandemias

―Sí, pareciera que esta enfermedad mundial va a favor de sus propuestas racistas. Obama acaba de declarar que esta calamidad ya se veía venir por la gente desinteresada en la problemática del calentamiento global. Y ya sabemos quién no cree en estos asuntos terrenales. El cuadro que puntas, Malú, es aterrador: contrariando a Darwin, la eliminación de las especies es debido a la tasa del poder económico que mantengas en la sociedad. Por eso Estados Unidos ahora huele a muerte por descuidos visiblemente políticos…

      De hecho, Trump disolvió la oficina especializada en pandemias porque la creó Obama. La ironía es que el actual presidente norteamericano debe su triunfo y su popularidad a su discurso de odio contra quienes en la pandemia son considerados “trabajadores esenciales”: los mexicanos, los hondureños, los guatemaltecos, los chinos, precisamente. Es increíble…

      ―Nueva York, Malú, es prácticamente ahora la segunda ciudad que te cobija en el mundo. Pese a las evidencias de la discriminación y el racismo acuñados en Estados Unidos, la cultura se mueve acaso de manera más democrática que en otras naciones (la muestra de cine feminista que acabas de organizar hubiera sido más difícil de llevar a cabo de hberla realizado en la Ciudad de México, me parece), ¿pero cuando se desata esta furia pandémica qué acontece en la atmósfera artística?

     ―Sí. La otra Nueva York, la rebelde, es la que me cobijó pues a pesar de todas las dificultades económicas, aquí es donde se cocina la contracultura, de la cual siempre he formado parte. El resto del país, pues en gran parte es el que votó por el Demonio Anaranjado, como yo le llamo al emperador. Pero aquí, en realidad, no hay más censura que la económica, ya que es una de las ciudades más caras del mundo. Los locales y los materiales para los proyectos tienen precios prohibitivos. Yo tuve acceso a este espacio a un costo accesible porque ya me conocen; ya me presenté ahí con un monólogo que se llamaba Quijota en tiempos de Trump¸ que escribí cuando Trump fue elegido (y que forma parte de un espectáculo teatral más amplio sobre la versión femenina del Quijote que tengo planeado para el próximo año con unas actrices maravillosas, si es que sobrevivimos a todo esto… en fin). Es un teatro bar con sala de proyección, donde se presentan excelentes músicos de jazz y muchos eventos de teatro independiente. Me recuerda las grandes épocas del Bar El Hábito, donde trabajé los cinco primeros años de la década de los noventa, que no es por nada pero fue la mejor etapa. Aquí todos los fines de semana actuaron (hasta antes de la pandemia) algunas de las y los mejores comediantes de cabaret político feminista contracultural.

      “En estos momentos me interesa mucho deslindar el feminismo del discurso al que el patriarcado en México lo ha querido reducir, desvirtuar, satanizar y hasta caricaturizar, en su lucha de poderes, y con este esfuerzo las mujeres de México y de Estados Unidos derrumbamos los muros y tendemos puentes sin pedir permiso. Además, si me da Coronavirus a mí aquí mañana, ya tengo todo arreglado para que mujeres más jóvenes continúen este esfuerzo.

      “No puedo pedir más en un sistema que me quería muerta hace dos décadas. Las mafias culturales mexicanas efectivamente convirtieron en pandemia desde hace mucho. Y que no digan que son de ahora o de antes, porque siempre han sido transexenales, apoyen al candidato que sea”.

 

De las mafias culturales

―Estas viejas mafias, Malú, estpan viendo diluir ahora sus privilegios con el traspaso del Fonca a la Secretaría de Cultura federal para dejar de ser un fideicomiso particular, y ya hay demasiados gritos por ello, un sistema que jamás te apoyó, por ejemplo…

       ¿Será posible que se les retire la beca vitalicia a quienes discrecionalmente recibieron esos subsidios transexenales? Yo lo dudo muchísimo porque, como te dije, las mafias culturales son transexenales y multipartidistas. Alguna vez un contertulio me dijo algo muy ilustrativo: “Veo en tus denuncias demasiados nombres de gente a la que yo ni conozco y consideraba buena de oídas”. “Eso sólo quiere decir que tengo demasiados años vividos”, le contesté…

      “Porque, en efecto, a las generaciones de hoy les costaría trabajo entender que nuestra queja nunca fue que no se apoyara el trabajo artístico ni se otorgaran subsidios a los artistas, empezando por los más necesitados. Lo que no queríamos eran becas vitalicias a dos premios Nobel de Literatura que ya eran ricos, por ejemplo, como se hizo en tiempos de Salinas de Gortari, y para ello lo que se exigía era que la selección no estuviera regulada por algo más que el dedazo y el amiguismo: por una Secretaría de Cultura, por ejemplo.

      “¿Pero cuánto tiempo nos tardamos en lograr que el Conaculta se convirtiera en Secretaría de Cultura?  Y digo nos tardamos porque yo me incluyo en esa lucha y es una de las razones por las que me autoexilié. Incluso, en el sexenio pasado edité un libro al respecto (por eso me da mucha risa que los troles me pregunten precisamente a mí: ‘¿Y tú qué hiciste el sexenio pasado y antepasado?’, cuando no he dejado de trabajar para el otro México, pero eso es otra historia). Gracias a eso se empezaron a incorporar proyectos que antes no existían y trabajos de servicio social hechos por los becarios, que antes eran impensables.

      “Lo he dicho 20 años, pero si me lo preguntas lo respondo de nuevo: el Conaculta fue creado por Salinas como una súper institución por encima de la ley. Esto hacía también que muchos de sus artistas se sintieran por encima de cualquier ley, porque lo están, especialmente los becarios vitalicios. Por eso era tan importante que se convirtiera en Secretaría y que el Fonca sea una dependencia de una Secretaría regulada para crear proyectos en los que haya empleos para los artistas y público para sus obras, lo que requiere subsidios para sus producciones, difusión y programas educativos para generar ese público, como hicieron hasta más eficazmente los programas del ISSSTE llevando teatro y danza a las Casas de la Cultura, y no era ‘arte popular’ nada más, sino también ‘elitista’ (por poner esto en lenguaje de redes sociales). Era una lucha contra la Televisa monopólica de aquel entonces. El artista lo que quiere, más que la beca, es trabajo constante en lo que bien sabe hacer, y el creador lo que quiere es un público para su obra. Pero se quitó el presupuesto a eso y se entregaron becas a quienes menos las necesitaban (como dos premios Nobel, uno colombiano).

      “Estoy hablando de los orígenes de esta institución, no de los artistas que después sí han trabajado y que merecen tener subsidios en todas partes del país. Ellos saben lo que han hecho y que no me refiero a ellos, sino a los verdaderos pillos.  De ahí lo que fue mi otra demanda, durante 20 años desoída: si tú pides un préstamo, una tarjeta de crédito, el banco te hace preguntas sobre tu situación socioeconómica. No sé por qué se enojan de que en un país con tales desigualdades económicas se requiera un programa en donde sí incluya la situación socioeconómica del solicitante de la beca, pues a mí me consta que se otorgaron becas del Fonca a gente que tiene casa propia en Nueva York. ¿Sabes lo que necesita para tener casa propia en Nueva York, lo rico que tienes que ser…? No te lo puedo ni describir. Entonces, claro que esas personas no necesitan tanto ni una vez, ni cinco, ni diez, la beca que sí le habría ayudado a pagar su renta a un escritor pobre de Oaxaca, por ejemplo.

      “¿Pero quién va a regular eso? ¿Pondrán realmente al mando a los que sí se interesan por mejorar ese sistema en lugar de profundizar la corrupción?

      “Me gustaría imaginarlo, pero hay indicativos para dudarlo. Ahí tienes a Sabina Berman: becaria y juez transexenal del Fonca, del sistema de ‘jueces que se premian a sí mismos’, como diría Carmen García Bermejo en su libro 25 infamias culturales. ¿Qué hizo este sexenio? Premiar a Sabina Berman con otro programa de televisión pagado por el Estado. ¿Crees que eso es buena señal de que al incorporar al Fonca a la Secretaría de Cultura de verdad van a poner a los buenos y quitar a los malos? Y de Elenita Poniatowska ya mejor ni hablamos”.

 

Una diputada en el Bronx

―Finalmente, Malú, ¿qué sientes estar como artista en el mero ojo de la pandemia? Dices con naturalidad que si mañana te mueres por el Coronavirus habrá una nueva generación que proseguirá en el camino contracultural feminista. ¿Sólo resta esperar el destino, entonces?

      A lo que me refiero es que nunca me ha sorprendido el destino, pues éste no es más que una consecuencia de la historia a la que la humanidad decide abandonarse o a la que decide rebelarse. Me tocó vivir el terremoto del 85 y participar en las brigadas de la respuesta solidaria de un pueblo ante la rapacidad del ejército y del gobierno. Me tocó presenciar los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, de lo cual escribí muchas crónicas sobre la obscenidad de la codicia que tú me publicaste en el espacio que tú dirigías entonces en un momento en que otros reporteros mandaban notas dizque fechadas aquí, pero aquí no estaban, pues se habían cerrado todos los caminos por mar, aire y tierra. Después, un escritor varón, famoso, traducido a varios idiomas, venerado por las izquierdas y el feminismo y demás, que ni siquiera estaba en Estados Unidos, tomó una de mis crónicas, La salvación de los desobedientes, y la adoptó para sus conferencias sin darme crédito, porque así son los feministas de izquierda.

      “Pero, bueno… Volviendo a tu pregunta: no es que me resigne a las calamidades, sino que, como escritora, siempre me ha correspondido augurarlas de alguna u otra forma en la ciencia ficción política. En La lágrima, la gota y el artificio hablaba de una enfermedad totalmente artificial, por ejemplo, y ahora, en lo que toca a esta pandemia, recibimos muchas advertencias de que el mundo se iba a paralizar de una u otra manera, y no nos importó. En cuanto al cambio climático, hasta una niña autista ha tratado de advertirnos, y nosotros nos burlamos: la llamamos privilegiada (¡privilegiada, una niña autista!), y pagada. Para insultar a las Casandras del mundo sí nos organizamos bien, pero no para responder colectiva y eficazmente a sus alertas, a la altura de la emergencia. Entonces, claro, no es de sorprenderse que el propio sistema económico agropecuario genere este nuevo Coronavirus, que un sistema totalitario basado en la economía de maquila trate de silenciarlo, que responda tardíamente, que se propague al Occidente y que todos los gobiernos occidentales reaccionen tarde para no afectar al gran capital al que sirven, no a los humanos de los que se sirven. Tampoco es novedad la forma como nuestros respectivos sistemas de gobierno sacan lo peor y lo mejor de sí mismos. En Estados Unidos los supremacistas blancos acarreados empiezan a hacer manifestaciones exigiendo a los gobiernos estatales reabrir los negocios para proteger sus intereses, aunque la gente se infecte de Coronavirus.

      “… Pero también ves cosas formidables: una jovencísima diputada feminista que ha reivindicado la satanizada palabra socialista en Estados Unidos, que nunca se la ha visto envuelta en un escándalo de corrupción y que no recibe dinero de los grandes consorcios empresariales ni de los oligarcas, va todas las semanas al barrio más golpeado del país por el Coronavirus: su barrio, el Bronx, a tocar puertas, a repartir despensas de productos básicos, no de tequila, bien desinfectadas, con todas las medidas de seguridad (cubrebocas, guantes), y a hablar verdaderamente con la gente. Para estar al tanto de lo que le pasa, que es lo que se exige de un buen gobernante. Si sigue así (y que conste que dije: a condición de que siga así y no se deje comprar), espero ver el día en que Alexandria Ocasio-Cortez sea presidenta de Estados Unidos, pero es mucho pedir. Me conformo con que lo vean las feministas más jóvenes que me suceden, por el bien de los hombres también”.

                                                                                    Alexandria Ocasio-Cortez



domingo, 17 de mayo de 2020

Fin de semana entre lo feminista y lo humanista


►Este viernes, el estreno en Netflix de la película Rencor tatuado del maestro Julián Hernández cuya historia y guion tuve el honor de escribir —un film noir sobre mujeres violadas en la CDMX— coincidió tristemente con la declaración más audaz del Presidente en contra del feminismo: que el 90% de las llamadas al 911 relacionadas con violencia a la mujer son falsas. Su afirmación fue desmentida de inmediato con pruebas (las llamadas falsas ni siquiera son tomadas en cuenta por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública al hacer los reportes, que es en lo que se basan los periodistas), pero iba acompañada de una sentencia con la que el feminismo se ha enfrentado desde el siglo pasado y el antepasado: que él no es «feminista» sino «humanista». Con lo cual, un fuerte aplauso de machos y mujeres machistas recorrió a México.
►Me recordó lo que pasó en Estados Unidos, cuando realmente cobró fuerza por todo el país el movimiento Black Lives Matter (Las Vidas de Raza Negra Importan): rápidamente intervinieron los «humanistas» en defensa de «todas las razas; no sólo las de los negros». Estas afirmaciones que surgen en cuanto un grupo marginado y explotado reivindica sus derechos no son «humanistas», puesto que lo que quieren es que se callen los negros y las mujeres. Tampoco son nuevas, para nada. Pregúntenles a las nietas de las primeras sufragistas del siglo pasado. El «humanista» Presidente quiere que se diga que su Gobierno es un éxito, aunque eso requiera callar a las mujeres atacadas. Fue la declaración más audaz porque inventó una estadística y, añadió que «no quiere que lo vayan a malinterpretar», y que «no quiere decir que no exista la violencia contra las mujeres», cuando lo que quiere decir es eso: que la gran mayoría de la violencia es un invento de mujeres. 

►También este fin de semana que terminé varios encargos en el encierro leí en francés El consentimiento de Vanessa Springora, que, aunque todavía no se publica en español, ya se comenta, pues cuenta la relación que la autora tuvo a los 13 años con un hombre de 49, con el consentimiento de su mamá, porque además era famosísimo y todopoderoso,  por lo que la policía, lejos de investigarlo, le pedía autógrafos (¿a quién me recuerda en México…? ¿A quién? Mmmm… No sé, se pregunta una R del recuerdo, o una G de Gloria Trevi, y así). Ana Fornaro en la publicación argentina Página12 explica: «En 1977, muchos intelectuales y escritores franceses pidieron públicamente por la liberación de tres hombres acusados de pedofilia. El redactor de la carta era Gabriel Matzneff, escritor entonces conocido, provocador y brillante. Hoy ya los franceses no lo recuerdan mucho pero la publicación de El consentimiento (aun sin traducción al castellano), de la editora Vanessa Springora, abrió la caja de Pandora de la pedofilia y su frecuente apología entre cierta elite artística e intelectual de su país. Ella cuenta su relación con Matzneff, cuando él tenía 49 años y ella 13. Ahora es el tiempo del debate con el brusco cambio que el tema del consentimiento en general ha cobrado en todo el mundo con el impulso feminista, que aún encuentra muchas resistencias en Francia, sobre todo cuando algunos creen que toma parámetros norteamericanos».
Vale más la pena leer el libro que las notas descriptivas, como siempre. Sólo apuntaré varios datos que me parecen significativos y cualidades que sé que serán omitidas en las reseñas: la autora no hace una denuncia descontextualizada. Entiende muy bien que, además de haber sido víctima de un depredador sexual, fue víctima de una época. Y entiende que esa época de la Primavera Francesa y del «prohibido prohibir» fue a su vez, respuesta a la que la precedió. No se limita a decir «no quiero que se me malinterprete», como hacen otros; leerla es seguir la narración de una buena escritora que impide que se la malinterprete.
La carta en defensa de la pederastia firmada por intelectuales como Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, Gilles Deleuze y, más escandalosamente, Simone de Beauvoir, entre otros nombres famosos, no sólo «tuvo una gran ausencia entre los firmantes que fue Michel Foucault», como dice Ana Fornaro, sino dos: también Marguerite Duras se negó a firmarla.
En un solo párrafo, la autora explica la diferencia entre lo que los firmantes de la carta sublimaban como enamoramiento y lo que realmente es un depredador sexual: «La situación habría sido bien diferente si, a la misma edad [14 años] yo hubiera caído locamente enamorada de un hombre de 50 años que, pese a toda moral, había sucumbido a mi juventud, después de haber tenido relaciones con una cantidad de mujeres de su edad y que, bajo el efecto de un deslumbramiento súbito irresistible, hubiera cedido, por una vez, pero la única, a este amor por una adolescente. Sí; entonces, de acuerdo, en ese caso nuestra pasión extraordinaria habría sido sublime, es cierto, si yo hubiera sido quien lo hubiera empujado a infringir la ley por amor; si, en lugar de eso, G. [Gabriel Matzneff] no hubiera reactuado esta historia cien veces a lo largo de toda su vida». En otra parte, añade: «Yo era quizás la más joven de sus conquistas en París, pero sus libros estaban poblados de otras Lolitas de quince años».



jueves, 14 de mayo de 2020

domingo, 19 de abril de 2020

"EL HUÉSPED" de Amparo Dávila

En memoria de esta gran cuentista mexicana que falleció ayer, publico su más célebre relato: El huésped, pues en redes se está hablando de ella, pero no con ella.


EL HUÉSPED
Amparo Dávila
Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje.
      Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresión. Vivíamos en un pueblo pequeño, incomunicado y distante de la ciudad. Un pueblo casi muerto o a punto de desaparecer.
      No pude reprimir un grito de horror, cuando lo vi por primera vez. Era lúgubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parecían penetrar a través de las cosas y de las personas.
      Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. «Es completamente inofensivo» —dijo mi marido mirándome con marcada indiferencia. «Te acostumbrarás a su compañía y, si no lo consigues…» No hubo manera de convencerlo de que se lo llevara. Se quedó en nuestra casa.
      No fui la única en sufrir con su presencia. Todos los de la casa —mis niños, la mujer que me ayudaba en los quehaceres, su hijito— sentíamos pavor de él. Sólo mi marido gozaba teniéndolo allí.
      Desde el primer día mi marido le asignó el cuarto de la esquina. Era ésta una pieza grande, pero húmeda y oscura. Por esos inconvenientes yo nunca la ocupaba. Sin embargo él pareció sentirse contento con la habitación. Como era bastante oscura, se acomodaba a sus necesidades. Dormía hasta el oscurecer y nunca supe a qué hora se acostaba.
      Perdí la poca paz de que gozaba en la casona. Durante el día, todo marchaba con aparente normalidad. Yo me levantaba siempre muy temprano, vestía a los niños que ya estaban despiertos, les daba el desayuno y los entretenía mientras Guadalupe arreglaba la casa y salía a comprar el mandado.
      La casa era muy grande, con un jardín en el centro y los cuartos distribuidos a su alrededor. Entre las piezas y el jardín había corredores que protegían las habitaciones del rigor de las lluvias y del viento que eran frecuentes. Tener arreglada una casa tan grande y cuidado el jardín, mi diaria ocupación de la mañana, era tarea dura. Pero yo amaba mi jardín. Los corredores estaban cubiertos por enredaderas que floreaban casi todo el año. Recuerdo cuánto me gustaba, por las tardes, sentarme en uno de aquellos corredores a coser la ropa de los niños, entre el perfume de las madreselvas y de las bugambilias.
      En el jardín cultivaba crisantemos, pensamientos, violetas de los Alpes, begonias y heliotropos. Mientras yo regaba las plantas, los niños se entretenían buscando gusanos entre las hojas. A veces pasaban horas, callados y muy atentos, tratando de coger las gotas de agua que se escapaban de la vieja manguera.
      Yo no podía dejar de mirar, de vez en cuando, hacia el cuarto de la esquina. Aunque pasaba todo el día durmiendo no podía confiarme. Hubo muchas veces que cuando estaba preparando la comida veía de pronto su sombra proyectándose sobre la estufa de leña. Lo sentía detrás de mí… yo arrojaba al suelo lo que tenía en las manos y salía de la cocina corriendo y gritando como una loca. Él volvía nuevamente a su cuarto, como si nada hubiera pasado
      Creo que ignoraba por completo a Guadalupe, nunca se acercaba a ella ni la perseguía. No así a los niños y a mí. A ellos los odiaba y a mí me acechaba siempre.
      Cuando salía de su cuarto comenzaba la más terrible pesadilla que alguien pueda vivir. Se situaba siempre en un pequeño cenador, enfrente de la puerta de mi cuarto. Yo no salía más. Algunas veces, pensando que aún dormía, yo iba hacia la cocina por la merienda de los niños, de pronto lo descubría en algún oscuro rincón del corredor, bajo las enredaderas. «¡Allí está ya, Guadalupe!»; gritaba desesperada.
      Guadalupe y yo nunca lo nombrábamos, nos parecía que al hacerlo cobraba realidad aquel ser tenebroso. Siempre decíamos:
      —Allí está, ya salió, está durmiendo, él, él, él..
      Solamente hacía dos comidas, una cuando se levantaba al anochecer y otra, tal vez, en la madrugada antes de acostarse. Guadalupe era la encargada de llevarle la bandeja, puedo asegurar que la arrojaba dentro del cuarto pues la pobre mujer sufría el mismo terror que yo. Toda su alimentación se reducía a carne, no probaba nada más.
      Cuando los niños se dormían, Guadalupe me llevaba la cena al cuarto. Yo no podía dejarlos solos, sabiendo que se había levantado o estaba por hacerlo. Una vez terminadas sus tareas, Guadalupe se iba con su pequeño a dormir y yo me quedaba sola, contemplando el sueño de mis hijos. Como la puerta de mi cuarto quedaba siempre abierta, no me atrevía a acostarme, temiendo que en cualquier momento pudiera entrar y atacarnos. Y no era posible cerrarla; mi marido llegaba siempre tarde y al no encontrarla abierta habría pensado… Y llegaba bien tarde. Que tenía mucho trabajo, dijo alguna vez. Pienso que otras cosas también lo entretenían…
      Una noche estuve despierta hasta cerca de las dos de la mañana, oyéndolo afuera… Cuando desperté, lo vi junto a mi cama, mirándome con su mirada fija, penetrante… Salté dé la cama y le arrojé la lámpara de gasolina que dejaba encendida toda la noche. No había luz eléctrica en aquel pueblo y no hubiera soportado quedarme a oscuras, sabiendo que en cualquier momento… Él se libró del golpe y salió de la pieza. La lámpara se estrelló en el piso de ladrillo y la gasolina se inflamó rápidamente. De no haber sido por Guadalupe que acudió a mis gritos, habría ardido toda la casa.
      Mi marido no tenía tiempo para escucharme ni le importaba lo que sucediera en la casa. Sólo hablábamos lo indispensable. Entre nosotros, desde hacía tiempo el afecto y las palabras se habían agotado.
      Vuelvo a sentirme enferma cuando recuerdo… Guadalupe había salido a la compra y dejó al pequeño Martín dormido en un cajón donde lo acostaba durante el día. Fui a verlo varias veces, dormía tranquilo. Era cerca del mediodía. Estaba peinando a mis niños cuando oí el llanto del pequeño mezclado con extraños gritos. Cuando llegué al cuarto lo encontré golpeando cruelmente al niño. Aún no sabría explicar cómo le quité al pequeño y cómo me lancé contra él con una tranca que encontré a la mano, y lo ataqué con toda la furia contenida por tanto tiempo. No sé si llegué a causarle mucho daño, pues caí sin sentido. Cuando Guadalupe volvió del mandado, me encontró desmayada y a su pequeño lleno de golpes y de araños que sangraban. El dolor y el coraje que sintió fueron terribles. Afortunadamente el niño no murió y se recuperó pronto.
      Temí que Guadalupe se fuera y me dejara sola. Si no lo hizo, fue porque era una mujer noble y valiente que sentía gran afecto por los niños y por mí. Pero ese día nació en ella un odio que clamaba venganza.
      Cuando conté lo que había pasado a mi marido, le exigí que se lo llevara, alegando que podía matar a nuestros niños como trató de hacerlo con el pequeño Martín. «Cada día estás más histérica, es realmente doloroso y deprimente contemplarte así… te he explicado mil veces que es un ser inofensivo.»
      Pensé entonces en huir de aquella casa, de mi marido, de él… Pero no tenía dinero y los medios de comunicación eran difíciles. Sin amigos ni parientes a quienes recurrir, me sentía tan sola como un huérfano.
      Mis niños estaban atemorizados, ya no querían jugar en el jardín y no se separaban de mi lado. Cuándo Guadalupe salía al mercado, me encerraba con ellos en mi cuarto.
      — Esta situación no puede continuar —le dije un día a Guadalupe.
      — Tendremos que hacer algo y pronto – me contestó.
      — ¿Pero qué podemos hacer las dos solas?
      —Solas, es verdad, pero con un odio…
      Sus ojos tenían un brillo extraño. Sentí miedo y alegría.
      La oportunidad llegó cuando menos la esperábamos. Mi marido partió para la ciudad a arreglar unos negocios. Tardaría en regresar, según me dijo, unos veinte días.
      No sé si él se enteró de que mi marido se había marchado, pero ese día despertó antes de lo acostumbrado y se situó frente a mi cuarto. Guadalupe y su niño durmieron en mi cuarto y por primera vez pude cerrar la puerta.
      Guadalupe y yo pasamos casi toda la noche haciendo planes. Los niños dormían tranquilamente. De cuando en cuando oíamos que llegaba hasta la puerta del cuarto y la golpeaba con furia…
      Al día siguiente dimos de desayunar a los tres niños y, para estar tranquilas y que no nos estorbaran en nuestros planes, los encerramos en mi cuarto. Guadalupe y yo teníamos muchas cosas por hacer y tanta prisa en realizarlas que no podíamos perder tiempo ni en comer.
      Guadalupe cortó varias tablas, grandes y resistentes, mientras yo buscaba martillo y clavos. Cuando todo estuvo listo, llegamos sin hacer ruido hasta el cuarto de la esquina. Las hojas de la puerta estaban entornadas. Conteniendo la respiración, bajamos los pasadores, después cerramos la puerta con llave y comenzamos a clavar las tablas hasta clausurarla totalmente. Mientras trabajábamos, gruesas gotas de sudor nos corrían por la frente. No hizo entonces ruido, parecía que estaba durmiendo profundamente. Cuando todo estuvo terminado, Guadalupe y yo nos abrazamos llorando.
      Los días que siguieron fueron espantosos. Vivió muchos días sin aire, sin luz, sin alimento… Al principio golpeaba la puerta, tirándose contra ella, gritaba desesperado, arañaba… Ni Guadalupe ni yo podíamos comer ni dormir, ¡eran terribles los gritos…! A veces pensábamos que mi marido regresaría antes de que hubiera muerto. ¡Si lo encontrara así…! Su resistencia fue mucha, creo que vivió cerca de dos semanas…
      Un día ya no se oyó ningún ruido. Ni un lamento… Sin embargo, esperamos dos días más, antes de abrir el cuarto.
      Cuando mi marido regresó, lo recibimos con la noticia de su muerte repentina y desconcertante.

martes, 28 de enero de 2020

sábado, 16 de noviembre de 2019

Ya de regreso a Nueva York


 De regreso a Nueva York después de un festival muy productivo y feliz, en el que disfruté lo que Poniatowska y demás tramposos y tramposas nunca podrán conocer por más premios que reciban: la satisfacción.  




Se hizo una lectura dramatizada de mi nuevo guión, quedé en la terna de finalistas de voces innovadoras e hice la presentación concisa (pitching) ante productores y directoras. También en esa sesión me enorgulleció mucho hacer tan buen papel y quedar finalista (según supe, me contó una pajarita), pues no soy directora y además no hablé en mi idioma natal. 









Por supuesto, usé el rebozo que la periodista Carmen García Bermejo me regaló, y no “engrapado” para la foto, como acertadamente señala la actriz y poeta Isabel Benet respecto a una cierta figura pública, je, je.



Las discusiones plantearon cuestiones realmente interesantes, como es el hecho de que la industria quiere poner la clasificación “F” al cine dirigido por mujeres, y eso plantea dilemas, ya que la letra “F” en inglés, resuena a la calificación de “reprobada”  (“Failed”) en la escuela, además de que aleja al público potencial que cree que “femenino” va a ser “cine romántico” o de queja. Por otra parte, como dijeron algunas colegas, a veces es difícil encontrar (en Netflix, por ejemplo), cine de mujeres, y la clasificación sí ayuda. Es como arma de dos filos.




Ahora aprovecho el sábado para mandar mi guion a los productores y directoras que me lo pidieron. En el video se puede ver parte de la lectura dramatizada con el fantástico actor Thomas Gough en el papel de Satanás.  

jueves, 24 de octubre de 2019

LO QUE NO TE CUENTAN EN MÉXICO QUE PASÓ AYER EN RELACIÓN CON TUS DECISIONES EN FACEBOOK


Qué lástima que nuestro caudillo supremo AMLO decidió aliarse con Trump y con los supremacistas blancos a los que representa, y no con las causas progresistas de Estados Unidos, como la autoproclamada socialista diputada Alexandria Ocasio-Cortez, quien ayer demostró su superioridad intelectual, ni más ni menos que frente a quien se considera a sí mismo un genio:  el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg.
   
 Ella es más joven que él, y, al comparecer ante la audiencia del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, el multimillonario programador de informática tuvo problemas para explicar su nuevo plan de medios sociales sobre anuncios políticos de verificación de hechos y datos.
Facebook anunció recientemente que, para proteger el discurso político, ya no va a verificar los anuncios de los políticos, lo que esencialmente permite que las campañas le paguen a Facebook para difundir la desinformación.
     Zuckerberg dijo que la política de la compañía era eliminar las publicaciones de cualquier persona que llame a la violencia o que intente suprimir la participación electoral o la participación en el censo, pero cuando la joven boricua lo interrogó, ya no fue tan claro y, de hecho, lo único claro era que estaba mintiendo.
      A pocas diputadas la han calumniado tanto como a Alexandria Ocasio-Cortez, precisamente por su claridad y sus ideas más progresistas (AMLO la llamaría “conservadora” y “fifí” por atreverse a criticar al sistema, pero es al revés). Ella quiso saber si, por ejemplo, su equipo de campaña podría hacer en Facebook lo mismo que hacen los supremacistas contra ella:
     —¿Podría publicar anuncios dirigidos a los republicanos en las primarias diciendo que votaron por mi propuesta de nuevo pacto verde? —lo retó Ocasio—. Digo: si no estás verificando los anuncios políticos, sólo estoy tratando de entender los límites aquí de lo que es un juego justo…
      —No tengo la respuesta a eso en la cabeza ahora —dijo Zuckerberg—. Creo que… sí. Quizás.
     —¿Notas que hay aquí un problema potencial con la falta total de verificación de hechos en anuncios políticos?
     —Bueno, congresista, creo que mentir es malo —contestó el magnate blanco que se acaba de reunir con los supremacistas blancos para no quedar mal con ellos—. Y creo que si publicaras un anuncio que mintiera, sería malo. Pero no es el papel de Facebook evitar que tus electores o personas en una elección vean que has mentido.
     —¿Entonces no derribarás mentiras o sí derribarás mentiras? —preguntó Ocasio-Cortez—. Creo que es una respuesta bastante simple de sí o no.
     —En una democracia, creo que las personas deberían poder ver por sí mismas lo que dicen los políticos por los que pueden o no votar y juzgar su carácter por sí mismas.
     —Entonces, ¿estás diciendo que las publicaciones ligadas al supremacismo blanco necesitan un parámetro rutinario de verificación de datos [nada más]?
Zuckerberg no contestó nada y ella le dio las gracias con visible desinterés, como diciendo: “Me lo imaginaba. No me esperaba menos de ti”. En otro momento, Zuckerberg le dijo que él no tenía el menor conocimiento de lo que estaba haciendo Cambridge Analytica durante las elecciones, antes del reporte del periódico The Guardian en diciembre de 2015, y ella ironizó: “El mayor escándalo en que ha estado involucrada tu compañía sobre difusión de noticias falsas, que tuvo catastróficos resultados en las elecciones de 2016, ¿y tú [el fundador de Facebook] no tenías ni idea?”. Él contestó bordando especulaciones, como todo un político… O como el especulador que siempre ha sido.


Para más información sobre Cambridge Analytica, pueden ver esta película en Netflix: https://www.youtube.com/watch?v=HVHKYXJq7qo

viernes, 11 de octubre de 2019

Socios de Giuliani (el aliado de Ebrard y AMLO) "canalizaban" dinero efectivo extranjero



'La punta del iceberg': los fiscales alegan una gran conspiración delictiva por parte de los socios de Giuliani para canalizar efectivo  extranjero a las arcas de Trump y el GOP



ARTÍCULO de Jake Johnson PUBLICADO ORIGINALMENTE EN INGLÉS en AlterNet aquí.

A los ojos de un fiscal, esto realmente se parece cada vez más a una gran artimaña, supervisada por Trump y Giuliani [a quien AMLO contrató para "acabar con el crimen" en la CDMX cuando fue Jefe de Gobierno, N. de la Trad. y R.] para obtener asistencia ilegal de Ucrania en las elecciones de 2020.
Los fiscales federales acusaron el jueves a dos socios de Rudy Giuliani, el abogado personal del presidente Donald Trump, por haber tramado un extenso plan para expulsar al ex embajador de Estados Unidos en Ucrania canalizando dinero extranjero en los cofres de campaña de Trump y de un congresista no identificado que se cree es el ex representante republicano Pete Sessions. 
"Estas acusaciones no son cualquier tecnicismo ni una infracción al código civil o algún error en un formulario. Esta investigación es sobre el comportamiento corrupto, la violación deliberada de la ley ", dijo el jueves William Sweeney, director asistente a cargo de la oficina de trabajo de base de la FBI en Nueva York, durante una conferencia de prensa que detalla las acusaciones de financiamiento de campaña contra Lev Parnas e Igor Fruman.
Los dos hombres fueron arrestados el miércoles por la noche en el Aeropuerto Internacional Dulles en Washington, DC, mientras esperaban abordar un vuelo sólo de de ida a Frankfurt, Alemania.
Parnas y Fruman, ambos testigos en la investigación para hacer juicio político a Trump- iniciada por la Cámara de Diputados de mayoría demócrata-, habían almorzado con Giuliani en el Hotel Trump International en Washington, unas cuantas horas antes de que fueran arrestados el miércolessegún el Wall Street Journal .
CNN informó que "los fiscales no tenían la intención de revelar la acusación contra los asociados de Giuliani" el jueves, pero "su intento de abandonar el país les forzó la mano".
Geoffrey Berman, el fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, dijo durante la conferencia de prensa del jueves que Fruman y Parnas "violaron la ley para ganar influencia política al evitar revelar quién estaba haciendo las donaciones y de dónde provenía el dinero".
"Buscaron influencia política no sólo para promover sus propios intereses financieros", dijo Berman, "sino para promover los intereses políticos de al menos un funcionario extranjero, un funcionario del gobierno ucraniano que solicitó el despido del embajador de Estados Unidos en Ucrania [Marie Louise Yovanovitch ] ".


viernes, 4 de octubre de 2019

“Rencor tatuado”: inclinando la balanza hacia abajo en la ciudad de los asesinatos


Otra traducción de otra reseña de la película del maestro Julián Hernández, cuyo guion tuve el honor de escribir y que se proyectará próximamente en Nueva York:

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Rencor tatuado: inclinando la balanza hacia abajo en la ciudad de los asesinatos


POR ANTHONY FRANCIS
19 de septiembre de 2019
Irving Peña y Diana Lein en
"Rencor tatuado" (Julián Hernández, 2018)
La ciudad de México en los años noventa era un lugar donde los crímenes más severos quedaron impunes debido al dinero y a una fuerza policial corrupta.
Aida (¡una actuación excelente y atormentada de Diana Lein, una actriz que hay que ver!) sirve de venganza para las mujeres jóvenes que han sido violadas y maltratadas y que no pudieron encontrar una solución por sí mismas.
Trabaja en la parte trasera de un club nocturno y las mujeres acuden a ella con la frase clave: “¿Está la mujer que hace los tratamientos faciales? Traje mi propia crema”, llevándole sus súplicas de la justicia.
Al aceptar sus tareas, Aida les dice a las mujeres que debe saber exactamente qué fue lo que atrajo a los hombres hacia ellas. De la misma manera que Will Graham (Graham es el agente del FBI que atrapó a Hannibal Lector y The Tooth Fairy en la novela Red Dragon de Thomas Harris) debe convertirse en la víctima tanto mental como físicamente para atraerlos. Aida se disfraza, seduce y droga a los violadores, y los marca con un enorme tatuaje, asegurando que nunca olviden el dolor que causaron.
Todo esto trae a Aida enemigos muy peligrosos y poderosos que planean descubrir y exponer su verdadera identidad y destruirla.
El personaje de Aida se presenta como un arma de acero frío que atraviesa los callejones y clubes de la Ciudad de México. Una torturada mujer, especie de Llanero Solitario, dispensando justicia para las que no son escuchadas. Diana Lein la interpreta inteligentemente como un enigma que contiene el oscuro recuerdo que la llevó a recorrer este camino de venganza.
Irving Peña es convincente como Vincente, un reportero de televisión que está investigando una historia que puede llevarlo a descubrir quién es esta Vengadora y por qué está sucediendo esto. El actor tiene una forma natural y fácil que lo hace identificable. Vincente se convierte en nuestra guía a través del misterio de quién es Aida.
Escrito por Malu Huacuja del Toro y dirigido por Julián Hernández, este thriller crudo e interesante fue filmado en blanco y negro (con colores apagados utilizados para las secuencias de flashback) y usa la proporción 4: 3, dándole un aspecto único para una película de este tipo.
El director de fotografía Alejandro Cantú usa recorridos lentos y permite que su cámara capte a los personajes y sus alrededores sin llamar la atención sobre su estilo, y la misteriosa partitura de Arturo Villela y Ángel Sanchez Borges se suma a la desconcertante atmósfera de la película.

Rencor tatuado es una historia de misterio muy buena que está enormemente bien dirigida y contiene momentos de verdadero suspenso y sexualidad sin vergüenzas, similar a los grandes thrillers de Brian De Palma. Esta es una película inteligente y llamativa, con la audaz actuación de Diana Lein como el pegamento que lo mantiene todo unido.




miércoles, 2 de octubre de 2019

Querido vándalo de la Librería Gandhi


Te escribo estas líneas en caso de que sí seas un vándalo espontáneo y no un golpeador pagado que se bajó de uno de los camiones cuyas fotografías aparecieron en redes. Te escribo para decirte que no soy de las que no entienden la diferencia entre lo que es una biblioteca y una librería. De hecho, desde que vivo en Estados Unidos, no dejo de se ganarme enemigos hipersensibles (o sea, casi todos los norteamericanos) recordándoles a las y los descendientes de latinoamericanos que la traducción de la palabra library no es “librería” sino biblioteca.
            Lo que no entendí es tu mensaje, y no fui la única. No es que yo no simpatice con el anarquismo, sino que precisamente una de las primeras enseñanzas de los anarquistas para una protesta, del tipo que sea, es tener bien claro el objetivo del mensaje y el mensajero. En el movimiento antisistémico Occupy Wall Street nos fuimos a hacer acciones directas contra los bancos y las oficinas de las grandes empresas transnacionales (haz click aquí para ver una, con uno de los personajes más satanizados por el hoy supremo Presidente: Javier Sicilia), no contra las pocas librerías locales. Y no porque éstas no sean parte del sistema capitalista, ni porque a los empleados no los exploten igual en una librería, ni porque los revoltosos no entendieran la diferencia entre “biblioteca pública” y “tienda de libros”, sino porque al atacar lo segundo corres el riesgo de que todo tu esfuerzo se pierda en obnubilar sobre el verdadero objetivo de tu acción. Librerías Gandhi ya no es lo que era antes, pero fue fundada por un mexicano rebelde al sector empresarial en el que se crio, que abrió un espacio para los artistas en un tiempo en el que no había Secretaría de Cultura ni Fonca ni cine mexicano ni festivales de cabaret pagados por el gobierno, ni teatros donde se pudieran presentar artistas sin dinero, ni nada. Puso su habilidad como negociante al servicio de la cultura dentro de un sistema comercial abriendo un espacio en el que si tú pedías un foro para montar una obra de teatro te lo daban sin consultar tus simpatías políticas, ni con quién vivías, ni tus antecedentes penales, ni nada, y sin cobrarte renta. Mauricio Achar, el fundador de Gandhi, hizo la carrera de cantantes que hoy están con el gobierno y hasta cantan con la esposa del Presidente, pero que en su momento fueron contestatarias, que no pagaban "payola" para estar en la radio, a las que no podías escuchar porque Televisa las tenía prohibidas, y cuyos discos, a diferencia de los Sanborns’, en Gandhi siempre estaban en los escaparates.  Lo mismo nos sucedió a los escritores.
            Y aunque Gandhi no es ya lo que fue, sí carga con ese legado, para bien o para mal. En cambio Sanborns’ es propiedad de uno de los hombres más ricos y más injustos del mundo, Carlos Slim, quien hizo su fortuna gracias a que su hermano estaba en la Federal de Seguridad y a que Salinas de Gortari le regaló un monopolio con una ventaja de 8 años frente a cualquier competencia. (Para más información, puedes ver mi artículo aquí.) Mauricio Achar nunca tuvo un privilegio así ni un hermano así. Si te hubiera conocido, y si realmente eres un protestante y no un golpeador pagado, no te habría odiado. Creo que habría hecho una broma sobre sí mismo: “¿Por qué a mí? ¿Por qué no a la competencia?” Ja, ja. Así era Mauricio.
En fin. Sólo unas reflexiones sobre la claridad del mensaje en este dos de octubre.  Porque poner a la gente a hablar de otra cosa (como discutir sobre las diferencias entre librería y biblioteca, en lugar de las razones de la protesta), es justamente trabajar para la clase empresarial y el Estado.  Cuando decidas vandalizar bancos y no librerías, cuenta conmigo. 😉🙏



jueves, 26 de septiembre de 2019

Traducción de la reseña de Armond White sobre "Rencor tatuado" de Julián Hernández


Aquí la traducción de la reseña de la película cuyo guion tuve el honor de escribir para el maestro Julián Hernández, Rencor Tatuado (2018)

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“No hay justicia”, dice un estafador del inframundo en Rencor tatuado. Es un buen comienzo para la nueva película de Hernández porque no hay justicia en una cultura postcinéfila que ignora sus obras maestras, mientras que ese trío banal de piratas comerciales ganadores del Oscar —Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro— son celebrados como los principales cineastas de México.

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 Rencor tatuado convierte nuestra crisis espiritual moderna en film noir

20 de septiembre 2019 6:30 AM



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Diana Lein en Rencor tatuado (Breaking Glass Pictures/Imagen de los avances via YouTube)

En el submundo bohemio de Julián Hernández, el sexo, la política y la moral se mezclan perturbadoramente.
Al final del melodrama de Julián Hernández sobre gente que toma la justicia por su propia mano, Rencor Tatuado, un galán (Vicente Colmenares, interpretado por Irving Peña), y una mujer andrógina (Aída Cisneros, interpretada por Diana Lein) se unen en un beso apasionado. La simbólica fusión de las búsquedas románticas masculina y femenina (continuación desde los anteriores y premiados filmes de Hernández Mil nubes de paz, Cielo dividido, Rabioso sol, rabioso cielo y Yo soy la felicidad de este mundo) no es un mero final feliz.

     Su rareza queer representa un triunfo personalizado contra el crimen, el engaño, la violencia y la decadencia que enturbian al México actual. Rencor tatuado es un thriller erótico que plantea un reto a los espectadores milenials con un subtexto moral y político.

      Hernández explora nuestra pesadilla contemporánea creando su propia mitología personal: el estudiante de cine Vicente está fascinado con una serie de ataques de revancha firmados por la misteriosa Vengadora, quien tatúa un gran alacrán en los torsos de los hombres acusados de violación, y después publica las humillantes imágenes en la prensa. Las fotos de La Vengadora le recuerdan a Vicente el arte de vanguardia de la feminista radical Aída Cisneros, quien presuntamente cometió suicidio después de haber sido atacada violentamente. La leyenda de Cisneros es explotada por una charlatana, Divinidad Martínez (Itatí Cantoral), en el programa de radio La locutora sensual, cuyas incursiones en supersticiones de ocultismo, transmitidas por la XEZ, cautivan “a todos los rincones de Latinoamérica”.

      En esta vertiginosa narrativa, Hernández emula y enaltece la intensidad obsesiva del film noir. Rencor tatuado  hace eco, específicamente de La chica del dragón tatuado, como si esa franquicia grotesca pero popular fuera reiniciada por un concienzudo realizador de cine de arte. La investigación de Vicente ("Está todo borroso, pero es tan absurdo como mi vida. Nadie entiende su propia vida de todos modos") tiene lugar paralelamente a  las misiones secretas de Aída. La imaginería del procedimiento en profundo y brilloso blanco y negro (vista en viejos marcos de proyección de diapositivas anticuados) se alterna con escenas de culpa y deseo imaginados en tonos acentuados emocionalmente, más flashbacks a todo color.

     El caleidoscópico cruzamiento interseccional de tipos bohemios, del submundo y de los medios de comunicación, es tal festín sensual que evoca los perturbados temperamentos del desorden social de hoy. Hernández es uno de los estilistas visuales más logrados de la historia del cine (en este siglo sólo comparable a Zack Snyder). Su habilidad para conectar imagen con significado, emoción con política y conducta con moralidad es altamente sofisticada… aunque delirante. Tal como el desarrollo visual de Aída y su interpretación estética responde al caos del siglo XXI, el magnífico cinefotógrafo de Hernández, Alejandro Cantú, hace giros y descubre las dimensiones espaciales de la intimidad y el alejamiento.

     Rencor tatuado se anuncia como un “thriller de empoderamiento femenino” porque ésa es la cruda manera como venden los filmes estos días, pero Hernández sueña su cuento moral contra la inmoralidad juvenil de la mayoría de los medios de comunicación contemporánea. Avanza desde el profundo romanticismo de sus primeros filmes, en los que parecía hechizado por la belleza extática de capturar hombres jóvenes mientras se enamoran y se relacionan con el sacrificio abierto de las mujeres y el peligro emocional. Sin embargo, Hernández no es un traficante de corrección política, incluso cuando se ahonda en el mundo partido de drag queens y transexuales; él ve el inframundo como parte de una sociedad al revés. La heroína de Rencor toma la ley en sus propias manos, igual que los políticos corruptos mezclados con redes de narcotráfico y pornografía operan con impunidad, y los grupos de medios de comunicación que utilizan fuentes no identificadas saquean la cultura y ponen en peligro el orden social, tal como revela esta película sorprendentemente actual, al estilo de codificación de Costa-Gavras.

     “No hay justicia”, dice un estafador del inframundo en Rencor tatuado. Es un buen comienzo para la nueva película de Hernández porque no hay justicia en una cultura postcinéfila que ignora sus obras maestras, mientras que ese trío banal de piratas comerciales ganadores del Oscar —Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro— son celebrados como los principales cineastas de México.

     (También se pasan por alto autores notables como Sergio Tovar Velarde [Cuatro lunas] y Alonso Ruizpalacios [Güeros].)

     Opera el código moral privado de Hernández al igual que su estilo visual característico de ver el mundo de manera sensual y ética. Su expresión personal es interesante como identidad cultural: el glamoroso modelo de moda de Vicente y sus tenis blancos (se desliza cuando camina) contrastan con la ferocidad amazónica de Aída (con trenzas coronando su cabeza), mientras que la informante drag queen, Marta (César Romero Medrano) inspira la empatía e impaciencia de ellos. La compasión sexual de Hernández sigue siendo relativamente conservadora, por tanto aún impactante para los progresistas que también se enfrentan a sus arquetipos indoeuropeos: todas las cuales continúan siendo razones por las que este cineasta magistral sigue siendo relativamente desconocido para los cinéfilos estadounidenses.

     Pero el arte de Hernández es también sensible a la crisis spiritual moderna. El rango de su expresión cinematográfica recuerda  The Eyes of Laura Mars, The Bride Wore Black, y Caught in the Web (clásicos que exploran el tema de la venganza) y por último se establece en un territorio de casa, haciendo referencia al reto moral surrealista de Luis Buñuel con la película El (1953). A su modo, Rencor tatuado es la única película contemporánea que reacciona ante la corrupción en México y ante la nuestra.

Rencor Tatuado de Julián Hernández (2018)
Escrita por Malú Huacuja del Toro
Producida por Roberto Fiesco


ARMOND WHITE, crítico de cine que escribe para National Review y es el autor New Position: The Prince Chronicles@3xchair