martes, 23 de agosto de 2016

México resurgente, por Quincy Saul

México resurgente
Por Quincy Saul*

*Publicado originalmente en inglés en la revista 
CounterPunch con el título Resurgent Mexico (evocando
el libro de John Reed, Insurgent Mexico) el 25 de julio de 2016, 
y traducido al español con permiso del autor.

México está viviendo y muriendo por los pecados de la economía global. El precio de la ropa barata, las drogas baratas y la mano de obra barata lo pagan cientos de miles de muertos y desaparecidos tan sólo en la última década. Desde el Norte, un imperio proyecta sus sombras del final del mundo. Pero desde el Sur brilla una antítesis del imperio y surge el principio del mundo como una estrella resplandeciente cuyas cinco puntas reflejan los cinco continentes.
El mes pasado tuve el privilegio de ser un estudiante en las montañas del sureste mexicano. Esa escuela no da títulos ni diplomas, pero ha inspirado y transformado a millones alrededor del mundo. Esta escuela es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y sus bases civiles de apoyo, cuyo gobierno autónomo administra a aproximadamente la mitad del estado de Chiapas. 
Durante las dos últimas décadas, han estado construyendo y defendiendo una de las mejores esperanzas del mundo.
En 1994, el levantamiento zapatista despertó al mundo hacia una reinvención de la política revolucionaria. Más de dos décadas después, sus lecciones son más relevantes y reveladoras que nunca. A medida que atravesamos calendarios y geografías entre el final y el principio, entre el derrumbe y el resurgimiento, estas lecciones se quedan con nosotros más allá de la coyuntura caótica, rumbo al horizonte holístico. He aquí algo de lo que aprendí en la escuela; seis tesis para la regeneración de la humanidad a largo plazo.

1) La cura de la máquina feminicida es el huerto forestal

El sistema mundial capitalista culmina en la frontera norte de México, donde el modo de producción se ha convertido en un modo de destrucción. Tres años después del levantamiento Zapatista, Ciudad Juárez acuñó la palabra feminicidio. Fue un producto de lo mismo contra lo que los zapatistas se sublevaron: el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica; un pacto neoliberal que generó un auge de explotación laboral en la frontera y, en su estela, una plaga de asesinatos. Sergio González Rodríguez describe cómo el encuentro de maquiladoras y machismo, junto con la congregación de narcotráfico y comercio de armas, ha dado luz a lo que llama “la máquina feminicida”.
          La cantidad y calidad de los asesinatos son de proporciones pesadillezcas, que resisten el razonamiento. Pero Rodríguez pone las piezas dentro de una perspectiva histórica, económica y política, hasta que podamos ver al hombre y al sistema tras la cortina y los asesinatos: el capitalismo y el patriarcado van de la mano, personificados en la figura del asesino serial cuyos crímenes no son ni perseguidos ni castigados. “Negar el exterminio es parte del exterminio”. (Rodríguez 84.)
          Podemos entender la máquina feminicida como parte de lo que Raquel Gutiérrez Aguillar llama “las ambiciones dolorosas y crueles —no sólo militares— de reinstalar un orden simbólico masculino totalmente dominante y enfermo”. (Aguilar). Como ISIS, como Trump, como Putin, como Modi y muchísimo más, la máquina feminicida en México y sus funcionarios diversos expresan la desesperación asesina de un orden patriarcal confrontado con sus propias contradicciones.
          Lo que está matando a las mujeres en Juárez es nada menos que un modo de producción. Puede que las políticas lo reduzcan; puede que las burocracias ofrezcan curitas. Pero la justicia para los muertos y los afligidos, junto con la esperanza y la dignidad para los vivos, requieren una solución a la medida del problema. “Contra una forma sin precedentes de totalitarismo —escribe Javier Sicilia— se hace necesaria una forma de lucha sin precedentes”. (Sicilia)
          Por suerte, el antídoto está listo, es radical y resurgente. La cura y la antítesis de la máquina feminicida es el bosque forestal maya. Ejemplos vitales de este antiguo modo de producción están todavía vivos en los huertos forestales, que además son focos de biodiversidad, a lo largo del sur de México, Guatemala y Belice. Y los zapatistas están entre sus guardianes. Lo leí en un libro reciente y revelador titulado El huerto forestal maya de Anabel Ford y Ronald Nigh. Aunque no mencionan a los zapatistas, conocen el territorio: “El sistema agrícola Lakuntun […] es por tanto un vislumbre del pasado: un ejemplo paradigmático del excelente funcionamiento de la milpa”. (Ford y Nigh, 65.) Hacen una crónica de un calendario que se remonta a ocho milenios, cuando poblaciones mayores que las existentes hoy día se mantenían en armonía con la diversidad biológica y donde “el modo dominante de producción era el huerto forestal de la milpa”. (Ibíd, 124.) También le eché un vistazo cuando estaba trabajando en una milpa con algunos adolescentes zapatistas: no sólo el pasado sino el futuro.
          El huerto forestal produce y prefigura todas las soluciones que necesitamos, ecológica y políticamente: produce comida de alta calidad, regenera los bosques, evita la erosión, aumenta la fertilidad del suelo, preserva y propaga biodiversidad, limpia y maneja eficazmente el agua, no genera desperdicios, no usa combustibles fósiles ni pesticidas artificiales ni fertilizantes artificiales, y retiene carbono en el suelo. Las relaciones sociales de producción en el huerto forestal requieren asociación libre y descentralización, lo que substituye el trabajo enajenado y la mecanización, mediante la “intensificación de mano de obra especializada y el conocimiento ecológico”. (Ibíd, 69.) Las consecuencias políticas del huerto forestal fueron reconocidas por los conquistadores, para los cuales la destrucción de las mismas fue un aspecto clave de la contrainsurgencia. [1] Hoy, la misma lucha continúa. Es la milpa versus Monsanto y extinción masiva; el huerto forestal versus la máquina feminicida.

2) El caracol de la cosmovisión rebasa la velocidad de la locomotora de la historia
El símbolo de la resistencia zapatista es el caracol. “Lento pero avanzo” es su lema y credo. Las más altas autoridades en el gobierno autónomo civil zapatista, conocidas como “Consejos de Buen Gobierno” están localizadas en territorios bases llamados “caracoles”. El símbolo representa las conchas que alguna vez fueron utilizadas para llamar a encuentros; asimismo, la espiral que representa el tiempo y el infinito, y por último invoca “la velocidad de la democracia” de la que se quejaron amargamente los negociadores gubernamentales de los Acuerdos de San Andrés: todo se mueve lentamente, a la velocidad de la conversación y el consenso, poco a poco o kun kun en tsotsil. Lento pero seguro. Y he ahí la paradoja: en la Lacandona, en el Sur, donde todo se mueve lentamente, la organización política parece ser mucho más avanzada, mientras que en el Norte, en las metrópolis del mundo, todo se mueve rapidísimo, y sin embargo, nuestras organizaciones y nuestras políticas parecen retrógradas.
De alguna forma, ¡el caracol rebasa a la locomotora! La cosmovisión imaginativa que toma sus metáforas de la naturaleza supera a la historia determinista que se ve a sí misma en el espejo de la producción industrial. El 22 de diciembre de 2012, mientras 20 000 zapatistas en perfecto silencio llenaron las calles de San Cristóbal de las Casas para anunciar el final y el principio del mundo, la locomotora pierde la carrera. ¿Escucharon?
El calendario de la locomotora se mueve a la velocidad de la producción, mientras que el del caracol se mueve a la velocidad de la reproducción. El tren corre a una velocidad de años luz, artificial, que corresponde al ciclo de los negocios, mientras el caracol se arrastra a las velocidades naturales de los ciclos estacionarios, solares, lunares y galácticas. Y, de pronto, el caracol se desliza llevando la delantera.
A esto se añade algo más; lo vi en una pintura en la Universidad de la Tierra, donde se reúne la juventud indígena para aprender de todo —desde arte hasta arquitectura, y desde tejido hasta análisis de los sistemas del mundo—: la pintura, arrinconada en una esquina junto con otras docenas más, mostraba un gran sol rojinaranja que brillaba por encima de árboles muertos, pareciendo invocar la muerte por calor del planeta a miles de millones de años de este momento, mientras la Tierra orbita en espirales hacia su fin, implorando con letras negras en toda la parte inferior: “Hazlo ahora. El futuro no le pertenece a ninguna persona”. El caracol no se mueve con menos urgencia que la locomotora. Imaginen que todos nos moviéramos hacia el futuro distante con la misma urgencia con la que lo hacemos para mañana.

3) “Los ricos son automáticamente pobres”
Estudiando a los zapatistas, aprendemos que hay dos diferentes formas de decir riqueza en tsotsil (una de las por lo menos cinco lenguas que se hablan en territorio zapatista): takin y skulejal. Takin significa dinero, o más ampliamente, riqueza artificial. Skulejal significa riqueza natural, medida en vida, en comunidad, en felicidad.
Cada forma de riqueza es producida por una forma diferente de trabajo. Los dos verbos para trabajo son kanal, que significa trabajo por dinero y para un jefe, individual y enajenado, y a’mtel, que ellos definen como verdadero trabajo, colectivo y libremente asociado, su propia recompensa.
Las dos clases de riqueza y trabajo no solamente son distintas sino antagónicas. Trabajar individualmente para tener riqueza artificial socava la búsqueda colectiva de riqueza natural. Al hablar de las implicaciones, surgió la cuestión de los ricos que son pobres: “¡Automáticamente no son ricos!”, dijo nuestro maestro acerca del 1% de los más adinerados.
Este antagonismo no es nuevo en la historia mexicana. Hace más de 100 años Pancho Villa proclamó e invitó: “Las tortillas de los pobres son mejores que el pan de los ricos. ¡Vengan!” (Reed, 74). Y estamos yendo, gradualmente, hacia nuevas formas de trabajo y riqueza, en aproximaciones sucesivas a nuevas teorías del valor.
Recientemente, John Holloway escribe que la gente se revela no sólo por su pobreza sino por su riqueza: su riqueza natural, su comunidad, su dignidad, su historia, etc., que se niegan a venderse o a someterse. Y esto se puede ver y creer en Chiapas, donde la riqueza natural está levantándose contra la riqueza artificial. Donde los pobres son ricos.
La vida es mejor más allá del capital y este sentido común culmina en el hospital zapatista, donde los cirujanos también cocinan y limpian; donde se prescriben tinturas de hierbas preparadas en el lugar junto con medicinas alópatas; donde los doctores duermen en el segundo piso, tienen sólo ocho días de vacaciones cada tres meses, y no reciben ningún salario, pero son felices y están orgullosos de hacer su trabajo colectivo, debido a su conciencia y a su amor por su comunidad. Cada semana, ahí nacen entre dos y cinco bebés, quienes crecerán ricos en tortillas y dignidad.

4) Un ecologismo que premedita el ecofascismo
“Lo importante es entender que somos parte de la naturaleza, no algo aparte”, explicó nuestro maestro tsotil. Y en un mural del edificio de junto se lee: “En las escuelas autónomas zapatistas, los niños son educados con el espíritu y la concepción del mundo colectivos. Nuestra filosofía es el ser humano como parte de la naturaleza”.
Ante los espectros de un cambio climático catastrófico y la extinción masiva acechando al mundo entero, en todos los continentes están candentes las preguntas sobre la relación de la humanidad con la naturaleza. Pero mientras que los zapatistas creen que somos parte de la naturaleza, otros tienen una perspectiva bastante opuesta. Por ejemplo, el Partido Verde, el programa ProArbol REDD y la Ley de Bioseguridad, todos los cuales expresan la ideología dominante de ambientalismo en México. Las políticas ecológicas llegan a un punto convergente en Chiapas, donde “las prácticas contemporáneas de conservación de los bosques tropicales han dependido de la perspectiva occidental: remover al elemento humano de la ecuación”. (Ford y Nigh  174.)
El resultado inevitable de una filosofía que entiende a la humanidad y a la naturaleza como algo fundamentalmente distinto e incluso antagónicos es un mundo donde uno debe morir para que el otro sobreviva. Ya sea destruir los bosques para construir ciudades, o destruir poblados para preservar a los bosques. Tal ecologismo, ya sea de buena fe o por mal gobierno, premedita y prepara el ecofascismo.
Esta paradoja señala el camino del giro profundo que es necesario hacer en nuestra forma de entendernos a nosotros mismos y a la naturaleza. La antítesis y el antídoto del ecologismo y ecofascismo están muy enclavados en la gramática y el vocabulario tsotsil y de otros idiomas indígenas en los que no hay objetos, sólo sujetos, y en los que la humanidad es entendida como una parte inseparable de la naturaleza. Y esto está encarnado y prefigurado en las instituciones zapatistas de autogobierno, que reflejan al huerto forestal de la milpa como modo de producción y reproducción.

5) El buen gobierno es natural
La reinvención zapatista de la democracia es una de las lecciones políticas más importantes e inspiradoras que concluyeron el siglo XX y dieron el salto de inicio al XXI. Las Juntas de Buen Gobierno (en contraste con el mal gobierno que caracteriza a todo el aparato estatal, desde el nivel federal al local), se cuentan entre las únicas instituciones políticas del mundo que han verdaderamente rebasado a los antiguos griegos: un sistema de autoridades civiles de elección popular, rotativas y revocables, pero, lo que es crucial: sin esclavos ni patriarcado. Los detalles son fascinantes, pero la lección más importante, creo, es una general: el Buen Gobierno es natural. Crece al abrigo de su suelo y su cielo local. La dirigencia se rota como las cosechas. La diversidad es respetada y protegida. La meta es “un mundo donde quepan muchos mundos”; los pluricultivos en la milpa y en la municipalidad.
Y más allá de los antiguos griegos, los zapatistas han ido también más lejos que muchos en cumplir la filosofía y la profecía de José Martí sobre el gobierno en su famoso ensayo Nuestra América:  “el buen gobernante en América […] sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo […] El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.”
He aquí la negación del tipo de ambientalismo que sacrifica a los humanos, y asimismo, la negación del tipo de humanismo que sacrifica a la naturaleza: un sistema político que es también un sistema ecológico, surgido de una cosmovisión en la que no hay separación entre la humanidad y la naturaleza. ¿Existe un mundo para esta clase de gobierno, para esta clase de política? Coincido con Hugo Blanco cuando dice que “los zapatistas son ecosocialistas, aunque ellos no usan esa palabra”.

6) “¡Fue el Estado!”
El lema de Ayotzinapa (“¡Fue el Estado!”) resuena por todas partes del espectro político. La desaparición de los 43 estudiantes —y de los miles más que su número representa— no es culpa de ningún individuo por separado ni institución. Ni el Presidente ni la policía ni el ejército ni los carteles pueden ser culpados individualmente, porque todos deben ser culpados colectivamente. Si bien se requiere toda una ciudad para criar a un muchacho, se requiere la participación de todo un Estado para hacer desaparecer un camión lleno de ellos. Es el mismo Estado que hoy, en representación de la Bolsa de Valores, está movilizando a la policía y al ejército a escala nacional contra los maestros y contra el levantamiento popular que los respalda. Este Estado acusa a sus maestros de ser narcotraficantes: una acusación cuya desesperación solamente es rebasada por su ironía. Pues el mayor secreto acerca del narcotráfico en México es difundido ampliamente con la misma contraseña: “Fue el Estado”. El lema tiene alcance exhaustivo. Como dijo el subcomandante Moisés a la caravana de familiares de los desaparecidos que visitó el territorio zapatista en noviembre de 2014: “Es terrible y maravilloso que familiares y estudiantes pobres y humildes que aspiran a ser maestros, se hayan convertido en los mejores profesores que han visto los cielos de este país en los últimos años”.
Y me parece a mí que la enseñanza va aún más allá. Nosotros llegamos a Chiapas en medio de lo que parece ser una retirada de la izquierda y el retorno de la derecha por toda Latinoamérica; lo que algunos están llamando “el final  del ciclo”. Y aún así los zapatistas no se están retirando. Si algo parecen estar es más avanzados que nunca. Lo cual nos conduce a preguntarnos: ¿qué es exactamente lo que está fallando, de Argentina a Brasil y a Venezuela? Lo que está fallando, según Raquel Gutiérrez Aguilar, es la política del poder del Estado en sí misma:
"Si se toman como punto de partida las luchas en desarrollo, entonces puede comprender con más claridad qué es lo que se está derrumbando hoy en día: la manera deformada y enajenada de nuestros esfuerzos anteriores, de las aspiraciones colectivas de transporte social que nosotros mismos desplegamos años atrás. Por lo tanto, la actual ofensiva de la derecha no es más que la revelación grotesca de lo que ya ha ocurrido: la renovación de la dominación del capital, organizado por la validación de la democracia procedimental, como la emblemática —y casi única— forma de la política. Es el final de lo que hemos logrado en la ronda anterior, y es por eso que se nos presenta como un fenómeno cíclico, pues el circuito se vuelve a abrir”.

Muchos movimientos revolucionarios en Latinoamérica durante los últimos veinte años han tenido éxito precisamente en la medida en que han transformado al Estado: constitucional, institucional, legal, estructural y subjetivamente, etc. Es ahora ese mismo Estado que está derrumbándose en las manos de la derecha a través de más o menos los mismos mecanismos de procedimientos con los que la izquierda los tomó y los transformó. Solamente es catastrófico si no se puede ver más allá del Estado como si fuera el único destino de la política, o más allá del partido como el único destino de la democracia. Si se puede ver más allá, y entender este momento no como el principio del final sino como el final del principio, entonces se reabre el circuito: no un ciclo, sino una espiral.
Algo sísmico está pasando en México. Hay contradicciones fundamentales que emergen sobre la superficie: modos de producción opuestos, ritmos y velocidades de tiempo rivales; conceptos antagónicos de trabajo y riquezas; formas de comprensión radicalmente distintas de la relación de la humanidad con la naturaleza, polos opuestos de teoría y práctica política. El “México insurgente” del que informó John Reed al principio del siglo XX recorrió la vía revolucionaria de norte a sur y por último a la capital. Hoy, el México resurgente puede leerse emergiendo de sur a norte, a velocidad de un caracol, rumbo a un nuevo mundo, un nuevo calendario y una nueva geografía, más allá de capitales. “Ya se mira el horizonte”, canta el quinto verso del himno zapatista. La Junta de Buen Gobierno que nosotros visitamos está decorada por dentro con una pintura japonesa e ilustrada con un pasaje del Corán, con banderas y carteles de literalmente todas partes del mundo, todos ellos testimonio y testigos de dos décadas de una lucha universal emprendida en bases particulares, en los altos de Chiapas donde el mundo entero se encuentra reflejado. Aunque mucho de los zapatistas es específico, único y particular de s historia, de su mitología, de su idioma, cultura y geografía, ellos han tocado los corazones y las mentes de millones de personas por todo el mundo con su convocatoria a una universalidad subterránea que nos conecta a todos, no a pesar de nuestras diferencias sino gracias a ellas. “Detrás de nosotros están ustedes” prometen y presagian el lema y los pasamontañas.
“Sé zapatista donde quiera que estés”, invita e implora la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Y así yo disemino estas seis tesis como las semillas de los vientos de la  Sexta, en el espíritu de Francisco que prometió a sus estudiantes internacionales:
“Tomen esta semilla, pónganla en práctica, y pronto serán ustedes como nosotros estamos ahora”. (Fitzwater 17).


***
Bibliografía:
La política del deseo, entrevista con Raquel Gutiérrez Aguilar, por Verónica Gago, 18 de marzo de 2016.
Autonomy is in Our Hearts: Zapatista Autonomous Government Through the Lens of the Tsotsil Language, de Dylan Fitzwater, Division Three Thesis, Hampshire College, 2015
The Mayan Forest Garden: Eight Millennia of Sustainable Cultivation of the Tropical Woodlands,  Anabel Ford y Ronald Nigh, Left Coast Press, 2015
Nuestra América, José Martí, 1891.
México insurgente,  John Reed, International Publishers, 1914, 1969
La máquina feminicida,  Sergio González Rodríguez, traducida al inglés por Michael Parker-Stainback,    Semiotext(e), 2007.
“Los desplazados,” Javier Sicilia, Proceso, 8 de mayo de 2016.

Notas:

[1]    “El patrón centrífuga que preferían los agricultores de milpa fue un desafío para el arte de gobernar”. (Ford y Nigh 162) Este reto se refleja en los escritos del virrey gobernante Tomas López Medel en 1552, también citados por Ford y Nigh: “Por tanto, ordeno que todos los nativos ... construyan casas cerca de la otra, y no deben sembrar milpas dentro de la ciudad, sino que deberá muy limpio. No habrá arboledas, sino que deberán ser todas destruidas ... de modo que deberán estar limpios, sin tierra ni campos de sembrado; y si hay alguno, debe ser quemado”.

[2] "Nadie quiere recordar que la degradación de México comenzó en el corazón de sus instituciones […] La situación adversa de México a principios del siglo XXI se había ido gestando desde hace algún tiempo, y se relaciona con los arreglos del Estado para golpear a numerosos grupos criminales. Estos acuerdos, hechos a cambio de dinero, fueron los orígenes de los carteles de la actualidad. A partir de ese momento en adelante, el territorio mexicano está comprometido a transportar drogas desde América del Sur [...] El apoyo de México al operativo Irán/Contra dentro de territorio mexicano a partir de 1981 estableció el precedente para estos acuerdos. La entrega de armas de fuego a las fuerzas anti-guerrilla nicaragüenses a cambio de drogas para ser vendidas en el mercado de Estados Unidos fue una operación concebida y operada por la CIA. Su socio mexicano fue su contraparte, la Oficina Federal de Seguridad de México.” (Rodríguez, 59-60)

miércoles, 8 de junio de 2016

Mi primer acoso PÚBLICO

Durante la campaña #MiPrimerAcoso no hablé de mi experiencia personal porque yo ya he abordado abundantemente el tema y he recreado  en mis novelas —en particular en La lágrima, la gota y el artificio— lo que significa el acoso para las mujeres en las calles de la Ciudad de México. Me interesaba más, en cambio, escuchar a las demás compatriotas, y muy especialmente a las que se expresaron por primera vez.
Aquí voy a recordar, en cambio, algo que todos mis colegas escritores mayores que yo y contemporáneos han olvidado por razones obvias, que es lo que constituyó mi primer acoso público, esto es, como escritora publicada por primera vez. Ocurrió hace 29 años, durante el II Congreso Internacional de Escritores Policíacos organizado por Paco Ignacio Taibo II y Rafael Ramírez Heredia (precursor de su Semana Negra de Gijón), que se celebró en San Juan del Río, Querétaro, en marzo 1987, cuando tenía yo 26 años. El año anterior se había publicado mi primera novela, Crimen sin faltas de ortografía, que ganó el segundo lugar del Primer Concurso Plaza & Janés de Novela Policial, 1985. Viene al caso explicar que tal reconocimiento fue siempre polémico: hubo quienes decían —y así lo escribieron— que yo merecía el primer lugar, pero por otra parte me llegaban rumores desde el medio editorial de que Paco Ignacio Taibo II “estaba furioso conmigo porque sólo ganó el 6º lugar”, y que había dicho que “mi novela es una porquería”.
Lo único que sí pude corroborar es que Taibo II estaba muy encabronado, pero no solamente conmigo, sino sobre todo contra María Elvira Bermúdez, a quien le preparaba emboscadas cada vez que le tocaba hablar porque, según explicó a sus aprendices y admiradores, “no se trata de excluir, sino de masacrar” (esto yo lo escuché con mis propios oídos de labios del hoy promotor del voto por Morena).
En ese contexto, yo era un alfil en la batalla que se libraba sin cuartel entre novela enigma y novela negra en tiempos de la Guerra Fría, cuando era todo un acontecimiento que asistiera a tierras capitalistas el soviético Yulián Semiónov, novelista y presidente de la Asociación de Novela Negra y Política, junto con el norteamericano Roger Simon (en cuyas tierras nunca imaginé que terminaría viviendo yo).  Mi presencia era no más que una pieza en ese ajedrez, ya que el subgénero enigma, por tener entre sus mayores exponentes a Agatha Christie, se estigmatizaba como “de derecha”, “burgués” y “banal”, aunque yo —como se descubriría más adelante—, no era una escritora de “derecha”, y Umberto Eco, tampoco, pero todavía no se popularizaba en español su portentosa novela El nombre de la Rosa que es, rigurosamente, una novela policíaca de enigma y, además, un planteamiento progresista en favor de la difusión del conocimiento. De modo que el mencionado Congreso versó sobre lo que Umberto Eco ya había refutado con un libro que se convertiría en clásico, pero que los asistentes —con excepción de Vicente Leñero, quien sí lo mencionó, por lo menos a mí, en una conversación de sobremesa, o como se dice, “en corto”— todavía no registraban.
Pero no sólo recibí trato de pieza de ajedrez político. Una noche tocó a la puerta de mi habitación José María Espinasa con un amigo para invitarme a una pachanga. Yo estaba ya en piyama, pero me dijeron que no importaba, pues era una panchanga informal, digamos. Me pareció en su momento excelente idea y, entre risas y bromas me llevaron de la mano, todavía entonces muy amistosamente, a la habitación donde se celebraba la fiesta.
Tan pronto como llegué me di cuenta de que yo no quería estar ahí. Un grupo de hombres y una periodista que después sería escritora (muy aburrida en sus libros, pero siempre creidísima en el trato personal), bebían hasta caerse. El cubano castrista Alberto Molina fumaba la mota prohibida en su isla, y se carcajeaba. No sé si era la primera vez que probaba la marihuana pero se comportaba como si ésa fuera su noche, y yo, su trofeo. No me pareció muy divertido.
La fiesta estaba ya muy avanzada y los convidados querían sexo. Yo no solamente era abstemia sino que no me sentía atraída hacia el desagradable aspecto del cubano fumando mota que, como se decía entonces, “quería conmigo”.
Resolví que aquel convivio liberador no era para mí y traté de irme. Tan pronto como lo intenté, los hombres me detuvieron por la espalda (no sé quiénes, ni cuáles, ni recuerdo tampoco cuántos hombres había en la habitación). Pero ágilmente me zafé de todos ellos, pues yo era la que no estaba borracha ni pasada y, como constantemente se mencionó en los periódicos, “la más joven”.
Sí: era la más joven. También para correr era la más joven. Y eso fue lo que hice a lo largo de los pasillos: corrí y corrí, mientras un grupo de escritores borrachos me perseguía gritando: “¡Malú! ¡No te vayas! ¡Malú!”.
Eso fue todo lo que escucharon desde sus habitaciones (si es que se hallaban en ellas a esas horas de la noche) los demás participantes del Congreso: una corretiza y mi nombre, hasta que llegué a mi cuarto y me encerré con llave.
Al día siguiente, cuando me presenté en el comedor, se hizo un silencio de película. A partir de entonces, mi trabajo como novelista fue lo menos relevante de mí. Lo importante era mi cuerpo y la corretiza (al respecto de lo cual quizás también cabe aclarar que nadie pidió disculpas, y también es pertinente preguntarse qué habría pasado al revés: si se hubiera tratado de un escritor y no de una escritora).  En los periódicos continuó el acoso. Rafael Ramírez Heredia incluso escribió una reseña en El Búho en la que desde el título se burlaba de mí, muy típica de la época: como si hacer mofa del aspecto físico de una mujer o de su forma de vestir fuera parte del “ser bohemio talentoso”.
Leer completo aquí: Portada /  Segunda parte / Última parte.
Y eso que éramos colegas, ¿eh?


En la revista Activa les pareció muy gracioso sugerir que era yo la que perseguía a los hombres.

Pero no todo fue digno de lamentarse: una década y dos novelas después, aprendí muy bien la lección. Ahora fui yo la que convirtió la adversidad en ventaja burlándose de todo con una “antipublicidad pornográfica”.

A propósito, Un Dios para Cordelia ya es veinteañera, con motivo de lo cual fue presentada su nueva edición marco de la FIL de Guadalajara por el maestro Álvaro A. Delgado y por el director de la editorial, Fernando Valdés. Próximamente estará a la venta en la CDMX.

Algunas curiosidades sobre el particular ya se pueden ir encontrando en este enlace.


martes, 31 de mayo de 2016

La mal llamada "reforma educativa" no es educativa sino laboral: zapatistas

MAYO: ENTRE EL AUTORITARISMO Y LA RESISTENCIA.
  ¿El calendario?  Mayo del 2016.
¿La geografía?
Bueno, pudiera ser cualquier parte de ese país rasguñado hasta sangrar por las desapariciones forzadas, la impunidad hecha institución, la intolerancia como forma de gobierno, la corrupción como modus vivendi de una clase política hedionda y mediocre.
Pero también pudiera ser cualquier parte de ese país sanado por el empecinamiento de los familiares que no olvidan a sus ausentes, la búsqueda tenaz de la verdad y la justicia, la rebelde resistencia frente a los golpes, balas, barrotes, el afán de construir un camino propio sin amos, sin patrones, sin salvadores, sin guías, sin caudillos; la defensa, la resistencia, la rebeldía; la grieta haciéndose más ancha y profunda a fuerza de dolor y rabia.
“México”, le llaman comúnmente a ese país, este país, que refleja a su modo una crisis que sacude al mundo entero.
Parece ser que, en algún momento de la breve e intensa historia del siglo XX, este país era una referencia turística internacional.  Se hablaba de sus paisajes, de su gastronomía, de la hospitalidad de su gente, de lo perfecta que era la dictadura perfecta.
Pero antes y durante esa imagen de folleto de agencia de viajes, pasó lo que pasó.  No, no lo voy a atiborrar de información sobre lo sucedido en el pasado inmediato, digamos unos 30 años.
El asunto es que, en los últimos años, “México” es ahora referente mundial en corrupción gubernamental; crueldad del narcotráfico; no infiltración sino contubernio entre el crimen organizado y las instituciones; desapariciones forzadas; ejército fuera de los cuarteles y en las calles y caminos; asesinatos y encarcelamientos de opositores, de periodistas y de gente que ni en cuenta; el “warning” en los pasajes turísticos; el cinismo como idiosincrasia en medios de comunicación y redes sociales; la vida, la libertad y los bienes personales jugados en la ruleta mortal de la vida cotidiana (“si no te tocó hoy, tal vez mañana”).  Si usted es mujer, de cualquier edad, multiplique los riesgos.  Lo femenino, junto a lo diferente, sólo gana en eso: es más probable que sufra violencia, desaparición, muerte.

lunes, 30 de mayo de 2016

Más inflado que Carlos Fuentes, cortesía de Random House

Yo no creí que hubiera alguien tan aprovechado y abusivo como Carlos Fuentes hasta que leí a Alberto Fuguet. Señor Sebastián Edwards: no sea mentiroso. Sudor no se trata de “un escritor casi idéntico a Carlos Fuentes, que escribe libros casi iguales a los de Fuentes y que tiene un hijo muy parecido al hijo de Carlos Fuentes”.

viernes, 20 de mayo de 2016

El futuro que nos bebimos en la copa de la inmediatez

Antipostales de Nueva York*
Malú Huacuja del Toro
Escribo estas líneas en una semana en que estuve a punto de ser arrestada junto con otros mexicanos al entrar a la sede de la ONU, cuando el luchador social Leobardo Santillán se dirigía a enviar una carta al presidente de la Asamblea General tras haber hecho, frente al edificio, una huelga de hambre de nueve días por los estudiantes de Ayotzinapa. Los policías, a gritos, me quitaron mi tableta y me obligaron a borrar el video y la fotografía que había tomado en el momento en que esposaron al huelguista. Quedé fichada y ahora tengo prohibido volver a visitar la ONU, me dijeron. ¿Pero en qué otro lugar podría estar cuando, en la misma ciudad en la que vivo, un compatriota hace una huelga de hambre en las condiciones más deplorables, a temperaturas bajo cero, bajo la lluvia, dispuesto a dejarse arrestar varias veces, e incluso termina en el hospital con tal de llamar la atención sobre la impunidad en México?
La causa de su protesta es el resultado de las desgracias que, en los noventa, mi generación no quiso impedir. Prefirió dejar pasar el advenimiento del narcogobierno a todos los niveles, en los tres poderes. Específicamente en el sector cultura, incluso se aplaudió la aparición del mal libro de Arturo Pérez-Reverte glorificando al narco con su inverosímil protagonista, La reina del sur, que después sería otro motivo más para lucrar con la corrupción, y cuya versión en inglés se estrena la próxima semana en formato de teleserie a través de la cadena USA. Con detalles como ése nos bebimos el futuro en la copa de la inmediatez.
Hoy ha desbordado el tiempo y las fronteras la corrupción del Fonca, el tesoro de manejo discrecional creado a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio, pese a numerosas protestas de intelectuales y artistas, precisamente para acallarlas.

domingo, 17 de abril de 2016

Confiscan su camisa y casi arrestan a huelguista de hambre por Ayotzinapa frente a la ONU

Luego de que su gobierno expulsó a los expertos independientes que investigaron el caso de Ayotzinapa, este martes 19 de abril de 2016 el presidente Peña Nieto acudirá a la ONU a pontificar sobre cómo resolver el problema del narcotráfico y la drogadicción en el mundo, durante la sesión extraordinaria de la Asamblea General sobre el combate a las drogas. Mientras tanto, quienes verdaderamente protestan contra el crimen organizado tienen ya prohibido entrar a ese edificio. Ésta es la historia.

UNA CAMISA CON CORAZÓN ES CONFISCADA DENTRO DE UN INDIFERENTE EDIFICIO DE LA ONU*

Por Malú Huacuja del Toro

—Aquí dentro no puedes videograbar nada —me gritó la oficial de seguridad dentro de la caseta de recepción de las Naciones Unidas.

lunes, 11 de abril de 2016

EL NARCOCANTANTE
Letra en busca de un compositor*
por Malú Huacuja del Toro



Tocar la maravilla que es la entraña
de los rotundos soles de la fama
donde el aplauso llena la existencia
fuera del mar de incienso y pesadillas
y del amor que apesta a alcantarilla.

Arder en los teatrales corredores
por edecanes prestas y mancebos
que harán llover lisonjas con la lengua
entre las bambalinas de la histeria.

Subir al podio de las concesiones
y descender al de narcocanciones
hechas para un diablo que siembra panteones,
convirtiendo en santos a torturadores
y otros esperpentos de negras pasiones.


Jurar que es “héroe” quien con miedo reina
o un “beneficio” el llanto que gobierna.
vivir con el horror en la entrepierna.

Vivir con el horror en la entrepierna.
Vivir con el horror en la entrepierna.

Cantor serpiente; cantor temido,
mañana en Bellas Artes serás aplaudido
tras haber rezado al dios del olvido,
y estar hoy grabando tu narcocorrido.

Sean mis coplas tristes tributo sentido
al pueblo invisible con horror caído
sangriento dinero que compra las balas
con las que tus hijos matan el mañana.


Ten mucho cuidado si alguien te regala
el nuevo sencillo que en radio avasalla
endiosando falos de acero y metralla
del narcocantante que al cielo ascendió
y en telenovelas contratos firmó.

Dicen que hay mensaje en la letra escondido
que un ángel astuto te flecha el oído
y sordo te quedas, por siempre perdido
por haber bailado el narcocorrido
de los poderosos y los malnacidos.


*Se premiará a quien haga una bella musicalización antinarca.

jueves, 10 de marzo de 2016

La historia no contada de Carlos Slim, el principal accionista del "New York Times"

Como no se ha visto en Billions: la historia no contada del magnate mexicano Carlos Slim, principal accionista del New York Times
Por Malú Huacuja del Toro


La teleserie Billions de Showtime, vagamente basada en el escándalo sexual del ex procurador de justicia de NY Eliot Spitzer que inicia con una sorpresiva escena de sexo perversillo, está alcanzando cada domingo más de un millón de televidentes. Gira en torno a los hombres de Wall Street y sus egos: un multimillonario gestor de fondos de alto riesgo, Bobby Axelrod (Damian Lewis), es perseguido por el procurador del Distrito del Sur de NY, Chuck Rhoades (Paul Giamatti), quien tiene un historial sin falla atrapando los estafadores ricachones que explotan el sistema por el que la economía quebró en 2008. 
En el programa reverberan montones de escenas simbólicas: un perro marca su territorio orinándose en la alfombra del millonario; Axelrod paga una fortuna para estampar su nombre en un salón del Museo Metropolitano (en clara referencia a cuando los hermanos Koch grabaron sus nombres en el Lincoln Center y en las fuentes del Museo); el personaje protagónico mira Ciudadano Kane en su sala de proyección privada después de haber comprado una vistosa mansión en Southampton, etc.
Pero, por más bien hechas que estén las tramas de sexo e intriga, la realidad siempre demuestra ser más obscena. Billions no supera la burda ironía de la vida real de que su creador sea el columnista de finanzas de The New York Times, Andrew Ross Sorkin. Él es, además, el fundador y director de Deal Book, un servicio de noticias financieras publicado por The New York Times, cuyo principal accionista, desde enero de 2015, es el magnate mexicano Carlos Slim.
El personaje de Lewis llamado Axelrod desafía al sistema de justicia haciendo compras llamativas. Carlos Slim también marca su territorio justo enfrente del Museo Metropolitano al comprar el único edificio de la Quinta Avenida que todavía tiene uso residencial, pero a diferencia de Axelrod, él nunca tuvo que enfrentar —ni siquiera temer— a la justicia por la forma como se convirtió tres veces en el hombre más rico del mundo, según la revista Forbes. Y, cuando Donald Trump ataca a los mexicanos, no está hablando de él.
No se necesita revisar atentamente los archivos de Wikileaks de abril de 2011 (tal como fueron publicados en 2013 por el sitio Who What Why), para encontrar mensajes electrónicos desclasificados sugiriendo que está involucrado en el narcotráfico según la DEA. Todo lo que usted tiene que hacer es buscar la información más evidente y visible sobre un hombre que comenzó con tan sólo $5 mil millones de pesos* una fortuna que rápidamente creció hasta los $77 mil millones de dólares en un país con 50 millones de personas que viven y mueren en una pobreza muy por debajo de la norma en Estados Unidos.
A diferencia de Rhoader, ningún procurador de justicia mexicano se atrevería a perseguir a Carlos Slim. Y si hay algo que el columnista del New York Times y creador de Billions no le va a decir a usted, es que su hermano, Julián Slim, fue comandante de la policía política mexicana; que trabajaba junto con Miguel Nazar Haro, el ampliamente conocido torturador (tal como lo describen sus víctimas) y ex agente de la CIA, durante la “guerra contra los comunistas” de los años 70. De acuerdo con el más reciente biógrafo del magnate, Diego Enrique Osorno1, el condiscípulo y amigo cercano de éste estuvo a la cabeza de la Secretaría de Gobernación, Mario Moya Palencia: el cerebro tras los muchos asesinatos y crímenes impunes cometidos en México contra los opositores al régimen durante los 70. De hecho, el 22 de enero de 1975, el maestro de Matemáticas Manuel López Mateos puso una denuncia por secuestro y tortura contra Miguel Nazar Haro y Julián Slim, comandantes de la temible Dirección Federal de Seguridad (FDS, el equivalente mexicano a Homeland Security). La denuncia jamás fue investigada.
Supuestamente por razones de “seguridad nacional”, el sistema de la Federal de Seguridad no era muy diferente al de una vendetta de un cártel de drogas. Salvador Corral García, una de las cabezas de un grupo guerrillero, fue arrestado en Sinaloa y posteriormente trasladado en secreto a la Ciudad de México, donde el hermano del principal accionista del New York Times, Julián Slim Helú, lo interrogó2 el 1º de febrero de 1974. Corral fue encontrado muerto con claros signos de tortura brutal a los cinco días en la misma colonia de una de sus víctimas, un poderoso hombre de negocios, como “regalo” de parte del gobierno mexicano al poder empresarial en la ciudad de Monterrey (localizada a unas 226 millas de la de México).
The New York Times tampoco les contará que la carrera de Julián Slim se desvanece cuando el gobierno mexicano otorga a su hermano la oferta con la que hizo crecer su fortuna, Teléfonos de México. Era una empresa paraestatal que el gobierno privatizó de conformidad con el esquema normal de procedimiento, es decir, aplastando a los sindicatos independientes, sobornando a todos los demás, organizando una cruenta campaña de desprestigio contra los trabajadores sindicalizados, volviendo absolutamente ineficiente a la empresa y haciendo que el público odie y repudie a los trabajadores en lugar de a la empresa para, entonces, venderla.
No es difícil imaginar por qué el agente secreto político adoptó un perfil bajo después de la compra. Su hermano poseía la única empresa telefónica del país, clave de la seguridad nacional y las estrategias de los servicios de inteligencia, en una época en la que no había teléfonos celulares y con una cláusula anticonstitucional incluida en el acuerdo de adquisición.
Los equipos de relaciones públicas de Slim ponen muchísimo tiempo, esfuerzo y dinero ocultando esta información, pero la licitación mediante la cual Slim compró Telmex al 30% de su valor3 incluía una disposición que le permitía tener el monopolio del servicio telefónico durante siete años. Esta cláusula le daba a él toda la ventaja que necesitaba por encima de cualquier competidor potencial. Los publicistas de Slim y el gobierno constantemente nos dicen que la licitación fue “completamente legal”, a pesar de que la Constitución Mexicana prohíbe los monopolios. Además, es difícil ignorar la conexión en la era predigital entre el agente de la policía política y la dirección de todo el sistema telefónico durante siete años consecutivos.
Aún así, Carlos Slim da conferencias sobre cómo ser un empresario exitoso. Por cierto que no sería una exageración compararlo con Hearst. Reacciona muy mal ante la crítica y las protestas. Por eso ha invertido dinero y recursos en todos los partidos políticos, incluido el de la izquierda electoral de López Obrador, así como en los medios de comunicación y la prensa, incluyendo a La Jornada. En los Estados Unidos, presentó una demanda ante la Comisión de Prácticas Políticas Justas de California en contra de unos activistas que se atrevieron a hacer burla de él cuando estaba hablando de filantropía. En este país, él perdió la demanda.
Slim se asocia con el ex presidente Bill Clinton en proyectos filantrópicos, así que hay información que ocultará cualquier medio de comunicación en el que él invierta dinero. Ni The New York Times ni Larry King —socio de Slim— les contarán a ustedes que el sacerdote que ofició su boda fue Marcial Maciel, el fundador los Legionarios Cristo, muy querido amigo del papa Juan Pablo II. Eso empañaría su imagen, pues Maciel fue encontrado culpable de abuso sexual, de consumo de drogas y de haber tenido seis hijos. Maciel tenía muchos benefactores millonarios. Su amigo el papa Juan Pablo II era también buen aliado del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quien no solamente privatizó la empresa telefónica paraestatal y la otorgó a Slim, sino que promovió y firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC). Su hermano, Raúl Salinas de Gortari, fue acusado y sentenciado (y después liberado cuando Peña Nieto se hizo presidente) por lavado de dinero.
Invisibilizando lo más visible
La zona de la Ciudad de México conocida como “Centro Histórico” fue, literalmente, el centro del mundo prehispánico, cuando Moctezuma reinaba en el Imperio Azteca.
Era la Nueva York de los tiempos antiguos.
Actualmente es propiedad de Carlos Slim.
No se requiere ningún diestro detective para investigar cómo convenció él al alcalde  supuestamente progresista Andrés Manuel López Obrador para desalojar a todos los vendedores ambulantes y a la mayoría de las familias pobres, a los trabajadores mal pagados y a las pequeñas empresas locales. Su administración creó una Fundación y un Consejo para “revitalizar” las colonias sin ninguna representatividad de los pobladores en absoluto —ni siquiera representantes falsos, sobornados— y sin voceros de las pequeñas empresas.  El Consejo perteneciente a Carlos Slim y presidido por éste, estaba conformado por Jacobo Zabulowsky, ex conductor de televisión que apoyó  la masacre contra los estudiantes ocurrida en esa misma zona en 1968 (mágicamente perdonado y políticamente revindicado por el partido de López Obrador), así como por académicos que no viven ahí pero que están a la orden para responder que sí. La única “verdadera residente” era la hija de un gobernador estatal que vivía en una mansión, la cual es además un tesoro histórico.
El ex alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani, fue contratado para “luchar contra el crimen”, es decir, para desalojar de la zona a la gente que vive en la calle, a instalar cámaras de seguridad y a permitir que Starbucks se adueñara.
Tampoco es ningún secreto que el sobrino de Slim, hijo del agente de la policía política, Julián Slim, es ahora el director de la compañía telefónica.
No tiene usted que ser Sherlock Holmes ni Bob Woodward** (especialmente este último) para saber que al yerno del magnate mexicano, el arquitecto Fernando Romero, junto con el arquitecto británico Norman Foster, se les ha concedido el contrato para la construcción de un aeropuerto en Atenco, en el estado de México, a pesar de la oposición inflexible de los comuneros.
La realidad resulta más obscena y menos divertida que Billions, porque 28 mujeres del pueblo rural de Atenco que se oponían a la construcción del aeropuerto fueron torturadas sexualmente por la policía federal en mayo de 2006, tal como lo autorizó el entonces gobernador Enrique Peña Nieto. Los tres principales dirigentes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) Ignacio del Valle, Felipe Álvarez y Héctor Galindo, fueron sentenciados a 112 años de prisión el primero y a 67 y medio los otros dos. Cinco años más tarde fueron absueltos debido a la protesta pública por todo el mundo, especialmente de la comunidad migrante mexicana en la ciudad de Nueva York, encabezada por el Movimiento por Justicia en el Barrio, cuyos integrantes protestaron dentro del consulado mexicano, forzando a los funcionarios a cerrar las oficinas el 4 de mayo de 2009.
Las mujeres violadas en Atenco continuaron luchando y movilizándose hasta la fecha.

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1.    Slim: Biografía política del mexicano más rico del mundo, México, 2015, Debate.
2.    Expediente 11-235-L6, pp. 163-167 de la DFS, según el libro de Diego Enrique Osorno.
3.    Nuestro informe sobre Slim a Ocupa Wall Street: La paradoja de Slim, por el periodista Óscar E. Ornelas.

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Notas para la traducción en español:
*En la versión en inglés me olvidé de poner que esta cifra es en pesos, así como un par de detalles que ya fueron corregidos. Perdón.
**En Estados Unidos es sabido que me refiero al famoso periodista del New York Times, precisamente.



miércoles, 2 de marzo de 2016

Espero hacer honor a la preferencia y no usar el nombre del zapatismo para traicionar

Mi corazón inundado de júbilo con colibríes mayas… Gracias. Espero hacer honor a la preferencia y no usar el nombre del zapatismo para traicionar sus principios y su historia:


viernes, 5 de febrero de 2016

Más allá del fiasco de Sean Penn: La presunta guerra contra las drogas en México no es película


http://www.counterpunch.org/2016/02/04/beyond-sean-penns-fiasco-mexicos-alleged-war-on-drugs-is-not-a-movie/


La presunta guerra contra las drogas en México no es película
Por Malú Huacuja del Toro.


Hay una razón por la cual las películas de gangsters más populares cuentan historias de padrinos legendarios de los viejos tiempos, o de convictos que están cumpliendo su sentencia en prisión, o de personajes ficticios. Sean Penn no captó esa parte al publicar su entrevista con el tristemente afamado hampón mexicano Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo.
Penn y a la estrella de telenovelas Kate del Castillo no captaron esto, pero el narcotráfico en México no es una película. No se entrevista a un asesino serial fugitivo justo cuando está planeando su próximo secuestro y matanza, antes de ir a la cárcel, sin ser su cómplice… a menos, claro, que se sea tan intocable como una estrella de Hollywood.
Durante el gobierno actual, más de 50 000 personas han sido asesinadas (más las incontables que no reportan los gobiernos estatales completamente controlados por los cárteles desde las altas cúpulas, como Veracruz, Tamaulipas, Sinaloa o Chihuahua), y más de 120 000 personas fueron asesinadas durante la denominada “guerra contra las drogas” ordenada por el ex presidente Felipe Calderón. Estas personas no son extras de un filme de Scorcese.
El 23 de noviembre de 2011, doce personas parcialmente calcinadas fueron encontradas en la cajuela de una camioneta en llamas localizada en la Colonia Rosales de Culiacán, la capital del estado de Sinaloa. Ese mismo día se encontró otra camioneta quemada en Desarrollo Urbano Tres Ríos, con cuatro cadáveres. La cabeza de uno de ellos había sido arrojada a la banqueta. Ese día, El Chapo conducía libremente sus operaciones por todo el país y el mundo. Era un día de negocios normal para el Cártel de Sinaloa, parecido a cualquier otro día de otro año, como por ejemplo, el 2 de mayo de 2012,  cuando se encontraron asesinadas 22 personas en menos de 12 horas, o como el 21 de junio de 2013, cuando fueron asesinados dos adolescentes, supuestamente, porque hicieron burla del hijo de un narcotraficante en la escuela.
Así es la vida y la muerte en un tiempo que Sean Penn califica como “estrictamente de negocios”: “El Chapo es primero que nada un hombre de negocios, y sólo recurre a la violencia cuando lo considera provechoso para él o para los intereses de su negocio”, dice.
El narcotraficante lo dijo, y él se lo creyó. Sean Penn está “decepcionado” de los periodistas actuales, pero no se tomó la molestia de aplicar su regla fundamental de corroborar los datos.
Si así lo hubiera hecho, probablemente se habría enterado de que, mientras El Chapo operaba libremente como un “hombre de negocios” entre 2009 y 2012, en Sinaloa hubo 330 feminicidios, el 80% permanece sin resolverse. Ciertamente, ninguna de estas mujeres fue asesinada personalmente por El Chapo con sus propias manos, pero el índice de feminicidios en cualquier estado donde hay crimen organizado es más alto que en cualquier otra parte.
El narcotráfico no se trata solamente de que unos carteles luchan entre sí por una plaza más grande y mejor. El narcotráfico es una cultura antidemocrática de muerte, extorsión, machismo, prostitución, nepotismo, tiranía y humillación que permea en la vida social, política y privada a todos los niveles, donde quiera que va. El territorio obvio es el del ejército, la policía y los políticos sobornados, pero poco sabemos del crimen organizado en la educación, las universidades y la investigación científica, por ejemplo, aunque la Universidad de Sinaloa a menudo obtiene más falsas acreditaciones —por razones obvias—, y por tanto recibe más financiamiento del gobierno que otras en las que no rige la corrupción.
Solamente por el hecho de que el gobierno mexicano se haya convertido en el narcotráfico municipal, estatal y local, eso no quiere decir que los hampones narcotraficantes apolíticos debieran tomar el control de todo el país como alternativa a la corrupción. Pero Kate del Castillo no lo ve así. Se refirió al narcotraficante como un salvador, diciendo que confía “más” en él que en los gobernantes corruptos. En seguida, añadió su recomendación de empezar a “traficar con amor”, misma que, al parecer,  fue entendida por el jefe de la mafia como un permiso para ponerse en contacto con ella. Dos años después de su famosa solicitud gorgeada [vía Twitter], resultó que estaba tratando de hacer una película hollywoodense al estilo de Narcos sobre el capo, tal como lo confirmó su propia amiga, la defensora de derechos humanos y periodista Lydia Cacho.
Lydia Cacho —quien ha sido ella misma perseguida por políticos corruptos implicados en el crimen organizado— confiesa: “Kate me dijo que estaba haciendo una película sobre El Chapo”. No queda claro si Lydia Cacho sabía sobre el presunto lavado de dinero de la actriz con el criminal (lo que ahora está bajo investigación), pero ella está ahora en contacto con del Castillo y se ha convertido en su vocera. En una reciente entrevista con Jorge Ramos, el conductor de Univisión (el Charlie Rose mexicano), Lydia Cacho culpa al Secretario de Estado Mexicano y a Sean Penn por haber traicionado las “verdaderas” y puras intenciones de Castillo, que eran, ni más ni menos, hacer una película de gangsters.
Hablé con una amiga cercana de Lydia Cacho, la autora del libro Los demonios del Edén (sobre pederastia y crimen organizado en el estado de Puebla). Le pregunté cómo es que esta defensora de derechos humanos y activista estaría dispuesta a arriesgar la credibilidad que por largo tiempo se ha ganado al retratar inexcusablemente a la estrella de telenovelas como la víctima. La respuesta que recibí es típica de la cultura del narco: “Porque son amigas. Probablemente iba a participar en la película como asesora o guionista”…
Lo mismo ocurre con el laureado director mexicano Alejandro González Iñárritu, ganador de premios Oscar, y quien fuera protegido de Sean Penn cuando comenzó a trabajar en Hollywood. Son amigos. De modo que González Iñárritu está del lado de Penn. Cita al famoso periodista mexicano Julio Scherer García, quien alguna vez dijo que “iría al infierno” por una entrevista, y quien de hecho entrevistó a otro jefe de la mafia de Sinaloa.
Sin embargo, Scherer era periodista. Contextualizaba la conversación, y nunca percibió a los narcotraficantes como sus “salvadores”, como lo hace del Castillo, ni como “simples hombres de negocios”. Fue el editor fundador de Proceso, una prestigiada revista de investigación en México. Dos de sus reporteros, la veterana periodista Regina Martínez y el talentoso fotorreportero Rubén Espinosa, fueron asesinados por el gobierno de Veracruz que está implicado con otro poderoso cartel, el de los Zetas.
El estado de Veracruz es uno de los 10 lugares más peligrosos del mundo para los periodistas, según Reporteros Sin Fronteras. Citar al director de una publicación que ha perdido a dos de sus mejores reporteros precisamente porque denunciaron al crimen organizado es un flaco favor al periodismo.
Pero no es la primera vez que González Iñárritu cita sin haber leído. Cuando ganó un primer premio Spirit Award por su película 21 gramos, subió al escenario junto con el actor Sean Penn y habló a favor de la paz… nada más que citando al novelista peruano y Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Sencillamente no sabía que Vargas Llosa acababa de estar en Irak como reportero “incrustado” en las fuerzas militares para el periódico español El País, apoyando al presidente español Aznar —a favor de Bush—, retratando a los marinos estadounidenses como los soldados más diplomáticos y amables… Hasta que surgió el escándalo de la tortura y abuso a los prisioneros de Abu Ghraib. Vargas Llosa guardó silencio.
Tal como señala el artículo Hollywood y la CIA, de Ed Rampell, publicado por  Counterpunch (y traducido por mí con permiso del autor para su publicación en mi blog), el cine puede ser una poderosa herramienta de propaganda. No obstante, en este caso, no hay un cerebro maestro torciendo la información para apoyar a las mafias de las drogas, sino simple ignorancia: la codicia de Hollywood y de las telenovelas mexicanas por fin se encuentran.
Mientras tanto, los verdaderos periodistas en México continúan arriesgando y, literalmente, perdiendo la vida.
Los coquetos textos telefónicos que intercambió Kate del Castillo con el narcotraficante para arreglar una reunión secreta con Sean Penn fueron inmediatamente divulgados por el gobierno mexicano. Pero, en el caso de los 43 normalistas secuestrados y desaparecidos de Ayotzinapa, sus padres llevan más de un año exigiendo la divulgación de la comunicación telefónica y textos del Ejército y la policía municipal. Todavía no hay respuesta para ellos. No son tan glamorosos.
En la ciudad de Nueva York, el señor Antonio Tizapa, padre de uno de los estudiantes de Ayotzinapa, exige la desclasificación y divulgación inmediatas de cualquier información respecto a esas llamadas y textos telefónicos.
     “Cada uno de estos estudiantes tiene un teléfono celular, y los soldados tenían teléfonos celulares. ¿Cómo es que ninguno de sus textos y llamadas se hacen públicos?” preguntó en una declaración pública durante una protesta frente al consulado de México, el 26 de enero. Algo de esta información probablemente explicaría lo que realmente sucedió en el caso de Ayotzinapa.