sábado, 5 de julio de 2014

OCHO CONSEJOS PARA VIVIR ESPIADA Y DE TODAS FORMAS SER FELIZ

LOS EXPERIMENTOS PSICOLÓGICOS DE FACEBOOK ESTÁN CONECTADOS CON UNA INVESTIGACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE DEFENSA DE EEUU SOBRE INCONFORMIDAD CIVIL
Uno de los investigadores que condujeron los recientes experimentos de Facebook recibió financiamiento del Departamento de Defensa de los Estados Unidos para estudiar el contagio de las ideas.

La semana pasada se descubrió que se estuvieron aplicando experimentos psicológicos en una porción de usuarios de Facebook sin pedirles permiso, a fin de probar el contagio de emociones en las redes sociales y medir de qué manera impactan la conducta del usuario. Esto se supo gracias a un documento que se obligó publicara la propia empresa Facebook y a la Universidad de California en San Francisco, en el que se reveló que más de seiscientas mil personas fueron usadas como conejillos de Indias, lo cual ocasiona cuestionamientos no sólo éticos sino legales, pues el estudio recibió financiamiento público federal en EEUU. Por si fuera poco, esta semana se supo que dicha investigación está conectada con un proyecto del Departamento de Defensa llamado la Iniciativa Minerva, “que financia a las universidades para modelar la dinámica, los riesgos y los puntos de cambios cualitativos para una inconformidad civil a gran escala por todo el mundo”, según nos informa SCGNEWS, donde se añade que Facebook participó y tal vez sigue participando en el programa PRISM de la NSA.
En suma, que lejos de solucionar la desigualdad económica y la pobreza extrema en la que sucumben miles de millones en el planeta para bienestar de un puñado de ejecutivos, políticos y estrellas de cine en Estados Unidos, el ejército de este imperio invierte fondos del erario público en estudiar “las emociones que generan inconformidad social”, poniendo ciertas noticias antes que otras o escondiendo ciertos comentarios.* Todo parece indicar que la firma del Acuerdo de Asociación Comercial Transpacífica TPP sólo acentuaría esta política.
Ahora bien: yo, como escritora independiente y no escribana del poder de los acaparadores, no conozco otra forma de vida que no sea bajo vigilancia. Esto es así para mí, incluso, desde niña, pues en el represivo régimen de Díaz Ordaz, todas las líneas telefónicas de las casas de periodistas (tanto los incorruptibles como los vendidos, y los que se corromperían después) estaban intervenidas. Posteriormente, cuando me escapé de la casa de mis padres, mi propia familia me espiaba, mi hermano mayor me esperaba en la puerta a la salida de mi trabajo, y más tarde, cuando escribía espectáculos de cabaret político en el sexenio de Salinas, protestaba contra la firma del TLC y apoyaba a los zapatistas, no tenía por qué suponer que el gobierno no sabía de mí. Ahora que vivo en Estados Unidos, ni se diga: mi comunicación ciberespacial es muy activa y casi totalmente política. Esto, por no hablar del espionaje de mis enemigos intelectuales. Todo lo cual francamente me autoriza a dar algunos sanos y útiles consejos a las nuevas generaciones sobre cómo comunicarse a través de redes que no son privadas:

OCHO CONSEJOS PARA UTILIZAR LAS REDES SOCIALES BAJO UN SISTEMA DE  CONSTANTE ESPIONAJE Y DE TODAS FORMAS SER FELIZ 

1. Nunca asumas que el recado, carta, fotografía o video que colocaste en una red tan pública como Facebook, Twitter, Vimeo, Pinterest, etc., o por correo electrónico “es privado” porque “sólo tú tienes la contraseña”. No seas absurda. Tal como Snowden nos ha descrito ampliamente, en materia de vigilancia vivimos en un régimen en algunos aspectos más invasivo que el estalinista. Las películas y dramas sobre los micrófonos de la Stasi  (el sistema de espionaje de la Alemania del Este, abolido en 1989, por si no lo saben quienes no habían nacido), se quedan cortas frente a lo que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA: la agencia que sabía de ti desde que estabas en el vientre materno) es capaz de hacerte legalmente (en sentido nada figurado: no te entusiasmes). ¿Viste La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006)? Pues imagínate eso pero estando en cualquier parte del planeta y sin razón alguna (siquiera esos tipos se la jugaban por la “libertad de expresión” y escribían cosas interesantes, no tuiteces).
2. Si no quieres que se sepa, no lo pongas en Facebook… ni en ningún lado, pensándolo bien. Simplemente, cállate el teclado, y de paso, la boca: tampoco lo cuentes por teléfono. Por deprimente que parezca, esta coyuntura puede ser muy divertida, tal como descubrirás en el consejo número 3. Mantén una parte importante de tu vida personal fuera del espacio de las redes sociales. Esto no quiere decir que tú, como los políticos, seas una(un) mentirosa(o). Quiere decir que no estás enajenada(o) por las redes ciberespaciales y tu vida no depende de tu conexión a Internet.
3. En lugar de asustarte por las noticias sobre las investigaciones macabras que el señor Zuckerberg permite que se realicen en tu cerebro, aprovecha que el gobierno (o los gobiernos, como es mi caso) te está(n) espiando, y dedica tu comunicación a decirles lo que no quieren ver ni oír. Denuncia lo que los medios de paga no están informando sobre tu comunidad. El empleado encargado de espiarte, algo aprenderá. Con suerte ,logras educar a algún futuro renegado: a un futuro Snowden. Y, si no, por lo menos lograste ayudar a quien te lea mientras las redes sociales sean gratuitas (situación que, como puedes imaginarte, no será para siempre si no logramos derrocar a Carlos Slim y al sistema que crea a los Slim del mundo).
4. Utiliza el monitoreo constante a tu favor, no en tu contra. Por ejemplo: como herramienta para entender que una cosa es la equivocación sin tener conocimiento del error (que siempre puedes corregir y por la que siempre te disculpará la gente de buena fe), y otra muy distinta la mentira deliberada para salirte con la tuya. Se supone que las redes sociales fomentan el exhibicionismo, pero si tú aprendes a usarlas, en lugar de transformarte en un Narciso al que sólo el espejo aguanta, puedes apoyarte en ellas para modelarte a tu voluntad. Si no quieres convertirte en narcotraficante, periodista sobornado o intelectual subvencionado mexicano,  aprovecha que en la era de la comunicación instantánea e indeseada casi todo se sabe para revisarte sola(o) tu comportamiento: no para creerte mejor persona, sino para serlo
     Al respecto, yo tenía un amigo que, no sé por qué, me dijo por carta que él nunca bebe ni se mete drogas, que porque tiene mucho trabajo. Repito que no sé por qué me dijo eso a mí, pues no le atribuyo al problema del consumo de drogas un carácter moral (aunque me parece de lo más impráctico si lo que queremos en estos tiempos es acabar con el narcotráfico, pero eso es otro tema). El caso es que no se dio cuenta de que todos sus amigos llevan cámaras a las fiestas, recepciones, antros y cantinas a las que asiste cada semana, y que por más que él trate de borrar lo que se publica en su espacio, no puede controlar lo que cuentan los demás, mucho menos si es la figura pública más fiestera de México. (El autoexamen permanente nos aleja del comportamiento tipo #LadyTelecom Purificación Carpinteyro quien ahora está ofreciendo cincuenta mil pesos de recompensa al que le diga quién la grabó, porque su conciencia no hizo el trabajo para el que el pueblo le paga a una legisladora…)

5. Educa desde pequeños a tus hijos o a los niños a tu cuidado a utilizar el espionaje a su favor en lugar de en contra suya, a que no dejen datos precisos de los lugares, fechas y horas donde van a estar ni quiénes son. Inventa juegos creativos para que practiquen junto contigo el uso de la información. De ese modo no tendrás tú que convertirte en su espía ni preocuparte de que los secuestren o los seduzcan porque tú no les enseñaste a controlar el uso de la red.
6. Condénalos, pero no te dejes asustar por los “experimentos psicológicos para controlar tus emociones” en Twitter o Facebook “manipulando las noticias que lees”. Eso es tanto como decir que una novela “te enajena” porque te hace llorar o reír. Si Facebook pone comentarios deprimentes para que te entristezcas y ver qué cara pones, recuerda que lo mismo hacen todos los noticieros, todos los anuncios (con y sin mensajes subliminales) y todos los periódicos de paga. De todas formas, si tú no quieres conformarte con lo que te pongan enfrente, nadie va a impedir que busques otras publicaciones y noticias.
7. Deja de ser una persona que depende de la opinión de los demás para valorarse en las redes sociales y, de paso, en cualquier parte. Si te fijas, el sistema de marcar aprobaciones (“darle me gusta” o “tener seguidores”)  está diseñado para hacerte creer en un “falso silogismo” (y no de colores, como los de Sor Juana, sino en blanco y negro: bueno o malo, aplaudido o abandonado), bajo una falsa premisa: la popularidad es  siempre buena y legitima tu comportamiento. Si algo que pusiste obtuvo muchas aprobaciones, quiere decir que tienes la razón o hiciste algo bien. Ese razonamiento es muy peligroso e inevitablemente te convierte en un cretino, además de una presa fácil del espionaje. Si no me crees, y si te da flojera leer un libro magnífico que se llama Masa y poder del escritor búlgaro Elías Canetti (que sí era analista, no como Monsiváis, y que además fue un espléndido novelista), revisa las dos últimas y más conocidas etiquetas de popularidad  en México y piensa bien en qué consisten: a) etiqueta de popularidad “PUTOOO”: insultar equiparando al objeto de tu odio con una persona homosexual, a pesar de que algunos de los científicos y artistas a los que tú más admiras son homosexuales; b) etiqueta de popularidad “LadyTelecom” (ser una legisladora corrupta y que te descubran).
8. Publica y difunde deliberadamente textos, imágenes y videos en los que tú creas y que te disminuyan el número de "contactos", "amigos" o "apegados". Aprende a respetarte a ti misma(o) en lugar de buscar la admiración de los demás.


Si te interesaron estos consejos, probablemente quieras leer esta crónica y esta noticia.

  
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*Se pueden hallar también más datos sobre este tema en español en este artículo: http://www.jornada.unam.mx/2014/07/04/opinion/023a2pol.

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