viernes, 2 de diciembre de 2016

Sobre el Mago de Oz que engaño a EUA:"El camino amarillo rumbo a la extinción" por E. Sperber

¿Pero qué pasó en Estados Unidos? Pues que el Mago de Oz los engañó a todos, tal como ilustra en esta brillante analogía el escritor Elliot Sperber, quien como muchos de ustedes recordarán generosamente me ayudó a poner la nota discordante en la Feria del Libro de Guadalajara dedicada al Estado de Israel con un sublime y compasivo análisis desde el punto de vista de un judío que no ataca a lospalestinos. Ahora nos explica cómo es que “Dorothy” —el pueblo norteamericano—, acompañada del León Cobarde Bernie Sanders y contra el Partido Demócrata caracterizado como la Bruja, andan preguntándose cómo regresar a casa.

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El camino amarillo rumbo a la extinción
Por Elliot Sperber*
*Artículo originalmente publicado en inglés en  la revista CounterPunch el 21 de noviembre de 2016, traducido para este espacio con permiso del autor.

Tal vez han oído ustedes cómo la campaña de Hillary Clinton tenía una estrategia para elevar a Donald Trump al nivel a lo que ellos llamaban el "candidato tipo flautista de Hamelín". Pero parece que Trump está más cerca de otro personaje ficticio. Retratado durante años como el mago de los negocios, al igual que el estafador amplificado por los medios de comunicación en el clásico de L. Frank Baum, Trump (tal como Clinton y Margaret Atwood recientemente señalaron) se parece más al Mago de Oz.
Pero si Trump es el Mago, ¿quién es Hillary? ¿La Bruja? 
En lugar de reproducir clichés sexistas, tal vez sea más justo poner al clintonismo, al Partido Demócrata o al neoliberalismo como la Bruja. Y la Bruja está muerta. Ding dong. Y la gente está celebrando (aunque de manera menos visible que las manifestaciones contra Trump que surgen diariamente por todas partes del país). 
Están celebrando porque la ideología que acomodó la entrada y la permanencia de guerras en Afganistán, Irak, Libia y cualquier otra parte; que subcontrató en el exterior los empleos y que expandió el desempleo y el trabajo precario junto con acuerdos comerciales como el TLC, parece por fin haberse descartado. Las iniciativas de ley sobre el crimen, el estado de vigilancia, los rescates de los bancos, el encarcelamiento masivo, la austeridad y la privatización, el estancamiento de los salarios acompañado de aumentos a la deuda estudiantil y a la deuda del consumidor (todo lo cual enfrascado en el insulto de la Ley de Salud de Obama, alias la Ley de Salud de Romney), que ha hecho tanto por enriquecer a los ricos y empobrecer más a la gente común, parece todo haberse detenido. Pero, como en El mago de Oz, las cosas pocas veces son como parecen. Y mientras que los Munchkins -y los Mnuchins-, entre otros, están exultantes por la muerte política del clintonismo, muchos más ven poco que celebrar y mucho qué temer. Porque aunque  la Bruja esté muerta y la prevención de una guerra con Rusia, así como la eliminación del TPP, sean victorias para los pequeños del planeta, el enemigo del enemigo no es necesariamente tu amigo. Las promesas que hizo Trump de una mayor desregulación, de privatización de las escuelas, de degradación ambiental y de exenciones fiscales para los ricos son difícilmente victorias para la gente común, y tampoco lo son las políticas racistas y xenofóbicas del Alt-Right (alias, nacionalismo blanco) que están apoderándose del brazo Ejecutivo del gobierno de los Estados Unidos. Marcando un punto de partida fundamental de las normas de la posguerra, las metas explícitamente racistas e implícitamente genocidas de Trump y compañía auguran persecución, represión y catástrofe.
¿Hipérbole, dicen? ¿Exageración? Sin duda, muchos responderán que durante años la gente ha estado gritando que "ahí viene el lobo" respecto al antisemitismo y el racismo. Quien quiera que sea lo suficientemente crítico de las políticas de Israel hacia los palestinos -por ejemplo-, es etiquetado y difamado como antisemita. Incluso los judíos que son críticos hacia Israel, como Noam Chomsky, están etiquetados de esta manera. Como tales, es completamente entendible que la gente sea escéptica respecto a los informes concernientes al antisemitismo y el racismo de Donald Trump y su círculo cercano. Y aún así, hay una diferencia profunda entre el escepticismo honesto y el deshonesto, y quien quiera que examine la historia de Trump verá que ha practicado durante décadas varias formas de discriminación racista y creación de chivos expiatorios. Entre otros, el director de estrategia de Trump apoya a los antisemitas y a los racistas. Y el único problema que el hombre elegido por Trump para procurador general de justicia, Jeff Sessions, tiene con el KKK, es que algunos de ellos fuman mota. (Más aún, no olvidemos el hecho de que la moraleja de la historia del niño que gritaba que ahí venía el lobo es que el lobo al final sí llegó.)
Así sea lobo o mago, la historia de discriminación de Trump no sólo es noticia vieja sino que arroja gran luz sobre su designación de Stephen Bannon como su director de estrategias. La permanencia de Bannon en Breitbat (una organización Alt-Right, o lo que es lo mismo, nacionalista blanca), condujo a la publicación de notas que promueven los tropos más estereotípicamente racistas contra las mujeres, los negros, los judíos, los musulmanes y los mexicanos, entre otros. Y ahora, este autor de propuestas de Alt-Right y la supremacía blanca está a cargo de las estrategias para implementar políticas que incluyen la deportación de millones de inmigrantes y el destierro de musulmanes. Por largo tiempo estas deportaciones forzadas han sido metas nacionalistas blancas que no meramente violan los principios básicos de la tolerancia religiosa y el respeto a los derechos humanos sino también la Enmienda Primera, la Cuarta y la Décimo Cuarta, entre otras. En otras palabras, las políticas de Trump contradicen en gran medida el juramento ejecutivo de defender la Constitución. Con Trump, esas contradicciones abundan.
Dice Trump, por ejemplo, que no socavará los derechos recientemente ganados por las y los homosexuales. Eso es ya ley, dice, refiriéndose al reciente reconocimiento del Tribunal del matrimonio igualitario. Ha quedado decidido por el Tribunal Supremo, anuncia. Pero al siguiente respiro promete que revocará el dictamen del caso Roe vs. Wade, que también fue resuelto por el Tribunal Supremo. Está todavía más asentado. Estas contradicciones se cancelan una y otra.
Sus invectivas contra los musulmanes, los inmigrantes y otros han ya incitado a la violencia, envalentonando a muchos a atacar a los negros, a los musulmanes, a los latinoamericanos y a los judíos, entre otros chivos expiatorios. Desplazando las ansiedades generalizadas y la violencia del sistema capitalista, se han reportado cientos de tales ataques desde las elecciones. 
Esto no es por sugerir, desde luego, que Trump ganó las elecciones únicamente por el racismo o que sus partidarios son en su mayoría racistas y sexistas, como Clinton y sus partidarios alegan. Como muchos han señalado, Trump ganó en estados -como Ohio, Pennsylvania y Florida- que Obama había ganado apenas hace unos años. Su éxito es atribuible al hecho de que la gente estaba asqueada de la históricamente desagradable Hillary Clinton y sus políticas neoliberales que extienden la pobreza.
Como el Mago de Oz, que es una ilusión proyectada en una pantalla, el estafador (que acaba de pagar 25 millones de dólares para arreglar una demanda por fraude de su falsa universidad), engañó a una nación. Nadie está realmente seguro de lo que piensa. Con trucos y espectáculos, cautivó a los medios de comunicación durante meses y meses con su indignación; su cabello ridículo distraía a la gente igual que se engañan las presas con los señuelos alzándose en las cabezas de los anzuelos. 
Exclamando declaraciones extravagantes, lanzó su hechizo. Y la plutócrata Hillary y sus cohortes ideológicamente cegados, creyendo (como George W. Bush respecto a Irak) que la victoria estaba a la vuelta de la esquina, se precipitaron a la derrota.
Pero a pesar de la arrogante estupidez de ella (sus engaños, su desprecio al electorado que necesitaba ganar, su elección de Tim Kaine para vicepresidente, etc.), no debemos pasar por alto el hecho de que Trump solamente ganó por un tecnicismo antidemocrático. Aunque su triunfo prevaleció en el Colegio Electoral, perdió el voto directo popular. Como tal, aunque Trump goce una victoria legal, no fue una victoria moral. En muchos aspectos es completamente inmoral,  pues se deriva de sus promesas de promover la tortura y otros crímenes, así como del antidemocrático Colegio Electoral establecido en la Constitución. Al igual que la Constitución en general, el Colegio Electoral fue designado para minimizar el mandato popular, amplificando el poder de una minoría de latifundistas. (Los propietarios de esclavos, preocupados de que el norte se estuviera poblando más que el sur, y que el voto directo popular disminuiría su poder, ratificaron la Constitución sólo porque incluía el sistema electoral, que contaba a los esclavos como tres quintas partes de una persona repartidos entre representantes y electores, lo cual por tanto les  aumentaba su poder a ellos y les aseguraba sus privilegios.)
Si esta institución hubiera sido extirpada de la estructura legal de EEUU, bueno, es difícil imaginar que las cosas fueran hoy menos antidemocráticas. Pero tal como está, el Colegio Electoral ilustra a qué grado EEUU sigue siendo poco más  que un Estado de esclavitud insuficientemente reformado. Y aquí estamos, como Dorothy, preguntándonos cómo llegar a casa.
Por supuesto, Dorothy no estaba sola en Oz. La ayudó el Espantapájaros, entre otros. Era demasiado tonto para reconocer que el capitalismo y la democracia son antítesis. ¿El Espantapájaros es Paul Krugman? ¿O es Nate Silver y otros encuestadores, que inconscientemente incitaron la despreciada victoria del famoso multimillonario (y a la igualmente despreciada derrota de la ex secretaria de Estado)?
Una cosa es segura: si Trump es el Mago y el Partido Demócrata la Bruja, entonces Bernie Sanders -que se puso contra sus propios partidarios y apoyó a Clinton- es el León Cobarde. Y, sin embargo, el León Cobarde acabaría por hacerse de valor, así que quizás todavía hay esperanza para Bernie. A diferencia de muchos demócratas que están proponiendo que "darle una oportunidad a Trump", Sanders ha estado denunciando sus designios represivos.
Elogiado por republicanos recientemente hostiles (y por ese otro mago notorio, el ex Gran Mago del KKK, David Duke), Trump también tuvo una reunión amistosa con Obama desde que ganó. Parece que lo último que Obama quiere es socavar la transición pacífica del poder (incluso si es el poder de un Estado de supremacía blanca, pues, después de todo, es lo que Estados Unidos ha sido durante la mayor parte de su historia).
Sin embargo, a pesar de la historia racista de los Estados Unidos, es aún más alarmante ver a los supremacistas blancos preparándose para establecerse en la Casa Blanca. Y eso debe inducirnos a preguntarnos: ¿qué pasará si el sistema no llega a restringir a Donald Trump? Gracias a Bush y Obama, republicanos y demócratas, él tiene a su mando un estado de seguridad nacional sin precedentes. Y, por otro lado, ¿qué pasa si el sistema triunfa y evita que Trump prosiga su proyecto de construcción de infraestructuras, sus negociaciones comerciales y su relajación de las relaciones con Rusia, que asustan al complejo militar-industrial y a otros sectores del sistema más que los aspectos más xenófobos de su agenda?
Si Trump se ve obligado a restringir sus planes, ¿entonces qué? No es difícil imaginar que Trump siga la política de Obama de deportación en masa. Pero a diferencia de Obama -quien le ha ocultado con éxito a la opinión pública su política de deportar a millones de personas-, se puede ver fácilmente a Trump tomando crédito por esto, satisfaciendo así a algunos de sus bases. Y no olvidemos, aunque Trump genera temores sobre la creación de registros para los musulmanes, hasta cierto punto las bases de datos de registro para los musulmanes ya existen. Las listas de prohibiciones de vuelo son sólo una parte de esto. Y la vigilancia policial de las comunidades musulmanas, en mezquitas y escuelas, ha sido ampliamente conocida y tolerada desde el 11 de septiembre. Trump podría sencillamente continuar así.
Todo esto para decir, mientras continúa la represión en Standing Rock y otros lugares, y mientras el medio ambiente se deteriora con acuerdos climáticos insubstanciales y con una incomparable desigualdad económica, para la mayoría de las personas las condiciones ya son intolerables. Incluso si se impide que Trump cumpla con sus promesas de limpieza étnica de los Estados Unidos, la posición de Trump con respecto al calentamiento global tiene sus propias implicaciones genocidas. Por su promesa de sólo intensificar la pobreza, la inseguridad, la violencia y la degradación ecológica producida por un sistema político-económico basado en la explotación del planeta y su pueblo, Trump y el sistema que lo produjo, deben ser detenidos.
Por supuesto, una oposición que sólo tiene como objetivo detener a Trump, en el mejor de los casos logrará frenarlo. Para prevalecer, una oposición debe empujar con fuerza en la dirección opuesta, es decir, hacia el sistema de atención médica para todos*,  hacia una expansión del patrimonio público en oposición a la privatización, hacia una priorización agresiva de los derechos al agua, la vivienda, la educación, la alimentación saludable, y otros requisitos para la salud humana y ambiental, por encima de las exigencias de ganancias. Y, como se dice de otros derechos, estos derechos deben ser inalienables: que no están a la venta; que están fuera del mercado. Ésta debe ser la meta, la creación de un sistema realmente democrático, esto es, una democracia tanto económica como política.
Más allá de la retórica, para que una oposición prevalezca no debe simplemente proclamar que Trump "no es mi presidente". Debe reconocer que Trump (y el sistema mismo) carece de legitimidad. Esto no es simplemente porque el oponente de Trump obtuvo más de un millón de votos más de lo que él ganó, sino porque Trump promete violar los principios mismos que (por más limitados que sean históricamente) justifican la existencia de los Estados Unidos en primer lugar.
Más allá de Trump, sin embargo, el sistema político-económico biófago que le permitió alcanzar tanto poder debe ser rechazado también. Como dice la antigua máxima legal, la salud del pueblo debe ser la ley suprema. Y, debido a que el sistema mundial actual se ha extendido, y está diseñado para seguir propagándose, las condiciones de la enfermedad en todo el mundo, de todo el sistema, son violatorias.

PARA MUSICALIZAR ESTE ENSAYO, AQUÍ LES DEJAMOS A LA INIGUALABLE JUDY GARLAND INTERPRETANDO “SOMEWHERE OVER THE RAINBOW” DE HARLOD ARLEN: https://www.youtube.com/watch?v=PSZxmZmBfnU
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*En Estados Unidos no existe el seguro social, y próximamente en México ya tampoco, pues Peña Nieto se propone privatizar el sistema de salud cuando termine con el de educación, si es que lo consigue (N. de la T.).

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