sábado, 10 de febrero de 2018

Tres anotaciones sobre el Conaculta y sus becarios

1. Cuando yo era joven y vivía de escribir (no muy holgadamente pero con todos mis gastos esenciales cubiertos), en México había escasas mas no inexistentes opciones para ser escritora y artista rentable. La ley de la demanda y la oferta mal funcionaba en el sector cultura pero no había desaparecido completamente. Podía haber editores o directores de periódicos o productores que me contrataran tras comprobar mi volumen de ventas o si simplemente les funcionaba. Después de la creación del Conaculta se acabaron esas posibilidades para todos: de eso se trataba. En una economía que vive del narco, es muy difícil no depender en algún grado de algún capo a cualquier nivel. La opción a la que yo y otros cuantos (pocos) convocábamos en aquel entonces (no aceptar subvenciones) quedó cancelada totalmente, excepto para quienes tienen otro trabajo que no es escribir (ser abogado o doctor por ejemplo).
2. Aún así, hay algunos pocos árboles de generaciones posteriores a la mía, ya teniendo cancelada la posibilidad de un futuro al margen de las mafias, pero que conservaron su cordura, que no perdieron de vista dónde tenían los pies, y que no dejaron de ser críticos, al menos más que otros.
3. Los peores fueron los que no perdieron de vista dónde tenían los pies pero se burlaron de la crítica y decidieron convertir su propia situación en "estilo literario", incluso haciendo chistoretes de su propia corrupción en sus novelas galardonadas con premios malhabidos. No importa que luego apoyen causas sociales dignas creyendo que les hacen un favor.



Con indeleble sello Conaculta



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