miércoles, 4 de septiembre de 2013

Por qué yo descreo no sólo de Dios sino hasta de los horóscopos

Eugenia León con Malú Huacuja del Toro.
Fotografía de Ximena Cuevas.
Alguna vez, cuando trabajaba para Eugenia León,
ella me pidió que fuera a visitar a un lector de Tarot y adivinador con tan buena reputación entre sus círculos de creyentes que exigía llevar grabadora y casete (eran los años previos a la revolución digital) para guardar registro de sus presagios: esa confianza tenía en sí mismo. No sólo eso: Eugenia me quería tanto que insistió en pagarme el costo de la lectura adivinatoria. Yo me sentí mal porque no quería hacer sentir menos a esa gran cantante mexicana, y sabía que lo decía porque me deseaba el bien (eran los años previos a la involución pejista). No quise dar explicaciones que para mucha gente resultan ofensivas, que es que las figuras con popularidad en los ambientes artísticos y de promoción cultural de cualquier país son blanco de todos los charlatanes (mi ex productor Roberto Fiesco, por ejemplo, tiene la mente maniatada por vividores que le hacen “curaciones” de hechicería y limpias en su oficina y que lo ponen a rezar a los santos). Tampoco quise explicar en qué creo y no creo. Así que accedí.

Ahora me alegra que el charlatán me haya pedido grabarlo. Aquello ocurrió a mediados de los 90. No sólo dijo ambigüedades que se pueden aplicar a cualquier destino, sino que omitió lo principal: que yo, apenas dos años después de esa lectura, iba a emigrar violentamente a vivir a otro país durante más de diez años.  Díganme los creyentes: ¿no es como para que un acontecimiento tan importante se vislumbrara en su bola mágica?   

4 comentarios:

  1. Por desgracia vivía a un lado de un "Centro Espiritual". Varios brujos trabajaban ahí. Fui testigo de como embaucaban a enfermos terminales, personas con familiares desaparecidos, etc. Jamás solucionaron nada. Sin embargo, las personas continuaban acudiendo a ellos. No critico a los que la necesidad y el desespero los llevan a estas personas, pero estoy seguro que estos videntes deberían ser juzgados como los peores de los criminales. Basta ver el caso de Sylvia Browne y Shawn Hornbeck. Y a pesar de los avances cientificos, nuevas versiones de estos embaucadores siguen apareciendo y rápidamente se vuelven estrellas (regionales o internacionales) tal como Theresa Caputo. Quizás nunca se acaben, ya que mientras haya seres humanos habrá tragedias que obliguen a las víctimas a buscar a estos charlatanes.

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  2. Javier Hernández Alpízar4 de septiembre de 2013, 13:17

    Bueno, la mayoría de las personas, si se lo confiesan, adorana a un solo Dios: el dinero. De ese hay pquísimos ateos...

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  3. Es que que aquel adivino no era Dios. Por eso no podía saberlo.

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